He encontrado un texto muy bueno en el Blog de Algodar. Es que en eso de esperar ya se nos ha hecho la vida espera a los que un día dejamos atrás la isla. No se puede decir mejor:
Me estoy especializando en esta profesión de esperar.
Cualquiera puede pensar que es fácil esperar: No hay que hacer nada. Sin embargo: ¡Que difícil resulta!
Todavía hay veces que me entretengo y me pongo a hacer otra cosa. Por ejemplo a bobear con la computadora, o a mirar por la ventana. Pero eso no es esperar. El secreto de una espera bien hecha está en no tratar de hacer otra cosa mientras se espera. Algunos piensan que si se hace otra cosa uno se distrae y se le olvida que está esperando. No es así. Cuanto más te empeñas en olvidarlo, más te desesperas. Yo por ejemplo, lo enfrento valientemente: Si, estoy esperando: ¿Y que? No me duele nada, no me cobran nada por esperar, no le hago daño a nadie y no contamina el medio ambiente.
Y ¿Que espero? Bueno, ese es el otro problema. La mayoría de la gente espera una cosa determinada. Por eso se atormentan y se preguntan que cuándo llegará. Sin embargo, la espera pura y desinteresada no tiene ese inconveniente. Todos los días llegan cosas. El verdadero esperador se ve recompensado constantemente por el torrente de cosas nuevas que nos cae arriba.
No importa realmente si uno esta sentado en los banquitos de la estación del metro de Vendôme o acostado bajo una mata de cocos en Hawai. La espera no esta ligada al mundo de las coordenadas. Se espera por dentro. Por eso no hay riesgo de que te pierdas algo por no estar en el lugar preciso a la hora adecuada.
Si tienes la suerte de estar acompañado puedes aprovechar y conversar un poquito. Pero nunca cometas el error de tratar de mitigar la angustia de una espera infructuosa con una conversación estéril. Salen mal las dos cosas. Pero si se actúa honestamente se puede esperar lo mismo sólo que en compañía.
Quizás lo que más confunde a la gente es que no saben cuando deben comenzar a esperar y casi nadie sabe a ciencia cierta si se puede dejar de esperar algún día. Yo soy adepto a la teoría de la espera absoluta. Como categoría filosófica la espera es eterna. Ni se crea ni se destruye. Pero a diferencia de la materia, tampoco se transforma. Siempre es así. Invariable, incorpórea e insoportable.
¡Que ganas tengo de que me llegue la residencia! ¡Coño!