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Shemale en tres actos (II)

Posted on Jueves 15 Noviembre 2007

Ya sé que todos los acusados del mundo se dicen inocentes, pero en mi caso no había pasado de un par de palabras cruzadas con una gallega y darle fuego, quiero decir, ayudarle a prender el cigarro que llevaba en la mano. Hasta ahí llegó mi carrera jineteril, pues bastó para que cargaran conmigo y me regalaran este documento que me marca para siempre. Claro y como yo no tengo vínculo laboral con el estado la cosa se puso peor. No podía decirles bajo ningún concepto que me gano la vida de albañil en una brigada particular. El viejo Alejandro me había propuesto trabajar con él, cuando era muy joven. Al menos para cargar serviría, le dijo a mi madre. Y desde entonces he remodelado medio Centro Habana, hemos tirado placas, y ni sé ya cuantas barbacoas.

Todo lo que hace falta del oficio lo he ido aprendiendo de Ale. Mi madre está contenta porque además de buscarme mis buenos pesos, mucho más que la miseria que me pagaría el estado, el viejo Alejandro me ha “amarrao cortico”, me mantiene ocupado en asuntos de trabajo y lejos de toda la mierda que florece en La Habana. Y ya tú ves, el que nace pa´ martillo del cielo le caen los clavos: ¡fichado como jinetero!

No sabía yo que metérsela a una extranjera podría ser delito. Yo soy un hombre, si una mujer me da la oportunidad lo menos que le voy a preguntar yo es dónde nació. Voy “hasta afuera con ella” y punto. Pero eso no lo entiende… bueno… La vida siguió su curso. Nadie de la familia supo del incidente. Para ellos yo pasé la noche con alguna mujer. Cero preguntas. Por suerte el trabajo nunca faltaba y los pesos tampoco. A veces cuando regresaba a casa con la puesta de sol, cruzaba la plaza de la catedral con mi jolongo al hombro pasaba cerca de las mesas del restaurant El patio, las que ocupan media plaza. Pero la mirada de los policías me decía que me mantuviera lejos y yo lo hice. Lo hice hasta un día que la vi entre las mesas. Reía en medio de un grupo de turistas, todos rubios, altos como torres. Miguel reía y se abrazaba del brazo de “su vikingo” sin importar que los guardias seguieran cada movimiento, cada palabra.

Pero a él parecía no importarle. Sabía que mientras estuviera atada a la mano de su yuma estaba a salvo de los nagües. Se movía con elegancia. Llevaba una saya de mezclilla corta que dejaba ver los muslos atléticos y fuertes, bien formados. Era tanta su gracia que podría llegar a pensarse que había nacido hembra. Al menos así se sentía. Quizás el tuviera razón: hubiera sido tremenda hembra, una negra de salir… Me vio, ¡me cago en dios! Me vio y me reconoció al instante. Me envió un beso con mucho aspaviento y yo le correspondí… bueno yo le dije adiós con la mano sin tanto entusiasmo. Uno es un hombre y tiene que darse su lugar y el mío fue seguir mi camino. La vi varias veces esa semana, acompañada con los mismos yumas o quizás otros, ¡que yo nunca me puesto a detallar a los hombres!

Una de las noches que más cansado regresaba, me detuve a curiosear en la puerta de una de las casas que venden souvenirs a la entrada de la plaza. Creo que la dueña del negocio, una mujer madura, me preguntó la hora o qué se yo. El caso es que de pronto sentí un empujón hacia dentro de la casa. Era Miguel que había doblado la esquina como un rayo y al verme me usó como tabla de salvación. Caí sentado junto a la vendedora, de frente a la calle, con Miguel sentado en mis rodillas besándome en la boca… ¡Fueron tres o cuatro segundos, no más; en los que ocurrieron muchas cosas: policías que pasaron corriendo de largo frente a la puerta, la lengua de Miguel que me llegó a la campanilla sin que yo tuviera tiempo a reaccionar, la vieja de la sala que se llevó las manos al pecho y se persignó, los policías que pasaron en dirección contraria, Miguel que succionaba con fuerza mis labios, la vieja que recuperaba el habla ya cuando Miguel se separaba de mí y decía: ¡No te acostumbres…! Y se fue por donde mismo vino dejándome a solas con la vieja que me botó a gritos de la sala de su casa haciendo que los policías llegaran al lugar nuevamente y cargaran conmigo para la unidad.

Cuando salí de la estación, llevaba conmigo la segunda acta de advertencia, con cargos de jinetero y proxeneta. No sabía en ese momento el significado exacto de la segunda palabrita, pero viniendo de los nagües, supuse que no sería nada bueno. - ¡Si agarro al maricón de mierda ese, le arranco la cabeza! No por el papel que tenía en la mano sino por haberme… sí, haber abusado de mi… haberme… ¡Puaf! Lancé un escupitajo y salí andando con la intención de olvidar los sucedido. A partir de ese momento evité la Plaza de La Catedral y todos los lugares frecuentados por turistas. ¡A la tercera va la vencida! me había dicho la policía. Así que si no quería parar tras las rejas me mantenía lo más lejos posible del área turística y me buscaba un trabajo pa´ papá Fidel. Por ese tiempo ya yo había aprendido de Alejandro, el oficio de albañil con tal maestría que no me costó trabajo que me contrataran como maestro de albañil en la construcción del Hotel Parque Central y el viejo orgulloso me regaló su cuchara de albañil diciendo: “Toma, sigue tú. Ya yo estoy muy viejo pa´ esta lucha”

Durante esos años trabajé como un animal. Tenía la intuición de que mi futuro cambiaría al salir de allí. No pensé nunca más en Miguel, no tenía tiempo pa´ eso.Por eso me sorprendió un día al llegar a la casa una nota que decía:

Lo logré. ¡Parto para el hielo! Si te hace falta algo, házmelo saber. Todavía te debo una.

A mi aquello no me daba ni frío ni calor, así que ni sé que hice con el papel. Seguí en mi lucha cotidiana.

Continúa…

Primera parte en: Shemale en tres actos (I)
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11 comentarios for ‘Shemale en tres actos (II)’

1. Güicho
15 Noviembre 2007 | 16:21
 
Ya le cogiste la vuelta a las soap blog!

2. El Yoyo
15 Noviembre 2007 | 17:16
 
Sí, pero tengo un montón de televidentes… o de blogovidentes ja ja ja 

3. baba_yaga
15 Noviembre 2007 | 18:40
 
Muy bueno, como siempre. Me hiciste olvidar el frio y volver a la plaza de la Catedral, entre las mesas, mulatas, jineteros, souvenirs, musica, calor, sudor…

4. Juan Carlos
15 Noviembre 2007 | 19:46
 
Jejeje..entre tu y el Guicho van a lograr que a mi me boten pa’l carajo del curralo por estar leyendo criolla’s en lugar de pinchar!..
Cordiales saludos Don Yoyo!!

5. Shemale en tres actos (II) by los Clasificado
15 Noviembre 2007 | 20:52
 
[…] lea mas http://www.conexioncubana.net/blogs/yoyo/?p=557 traido a usted por losCLASIFICADO […]

6. El Yoyo
15 Noviembre 2007 | 21:36
 
Tranquilo Juan Carlos,
Primero nos botan a nosotros por estar escribiendo en los Blogs en vez de pinchar

7. Guicho
15 Noviembre 2007 | 23:12
 
Eso mismo pensé, Yoyo

8. culibre
16 Noviembre 2007 | 8:29
 
cono!!!!!!!!!!!!!!!!!! ustedes si viven bien, unos leyendo otros escribiendo y los “fulas” entrando a la bolsa, que explotacion del hombre por el capitalismo brutal, bla,bla,bla…………….. disfrutenlo hermanos, bastante nos jodieron ya los “comunangas”, aqui (USA) ahora me tienen loco, que si la langosta y el camaron suben el colesterol ,que la carne roja hace dano, el refresco es malo, la comida “chatarra” ,etc, que complicado este mundo, me “meti” 30 anos tomando agua (soda en los cumpleanos solamente) y jugandomela al “pelao” para comerme una langostica o camarones , etc y ahora llego, “choco” con todo lo prohibido y me salen con esa M…………….. Cuidense y suerte

9. generacionasere
16 Noviembre 2007 | 13:28
 
yo me voy a botar a mi mismo por descarao, poco pinchador y bloguero empedernido. un abrazo el yoyo. nos vemos por aquí.
t

10. María
16 Noviembre 2007 | 18:02
 
me ha gustado mucho su forma de narrar… ya me muero por leer la continuación.

11. LizLola
16 Noviembre 2007 | 19:13
 
Yoyo, no te demores mucho con la tercera parte, cuando terminé tenía ganas de agarrar el teléfono y llamarte donde estés para saber cuando viene la tercera parte, está buenisísisisisismo tu relato, de verdad, ya publica algo, va a ser un exitaso.
Tu socita de alamar.

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