- May I help you lady?
Ella había caminado delante de mí a través del largo pasillo que une la estación con la otra acera por debajo de la calle. Es de pequeño tamaño, yo diría que muy frágil para arrastrar una maleta de viaje tan grande aún cuando esta tenga ruedas. Al llegar a la escalera se queda pensativa. ¿Cómo llegará arriba?
- May I help you? – repito.
Ella niega con la cabeza y emprende la penosa escalada, que termina sobre el quinto escalón cayendo de bruces. Algunos transeúntes evitan diestramente ser arrastrados por equipaje que ha cae nuevamente a mis pies haciendo un gran estruendo. Nadie se detiene, nadie tiene tiempo para ayudarla. Me da pena. Agarro el equipaje.
- I think you will need some help lady. You won’t do it alone.
- Leave me in peace! - chilla y me arrebata el asa de la mano.
Regresa a la ardua tarea, mascullando algo acerca de los “fucking inmigrants” que alcanzo apenas a escuchar, pero ya no me molesto. Son ya demasiadas llamadas a volverme por donde mismo vine como para ponerme sentimental por una más. Prosigo mi interrumpida ruta con una sonrisa y el incidente desaparece de inmediato de mi memoria.
Me acomodo la capucha de la nueva cazadora que me ha regalado mi esposa para protegerme del frío de la mañana. “Pareces un Rappper” me dijo ella cuando me la probé y me dio un beso. Por el camino compro el periódico y diez minutos más tarde estoy ya frente a mi ordenador. El día no está muy cargado. En veinte minutos tengo una aburrida entrevista con un aspirante a un puesto en la oficina de la Presidencia. No me gustan esas reuniones, todo lo que se dice en ellas el falso. Ocurren según un guión publicado en algún sitio Web: les hacemos preguntas que ellos ya esperan y nos devuelven respuestas que ya sabemos. Nada nuevo. Sobre la mesa espera el currículo que debí ya haber leído. Es una chica. Me gusta trabajar con mujeres. Esta oficina está llena de tipos inteligentes, demasiado inteligentes como para que valga la pena oir lo que ya sabes te van a decir, sin embargo ellas pueden aún sonreír. En un momento lo leeré, en cuanto revise y apruebe los comentarios de mi Blog. Lo primero es lo primero. Uhm, hoy ha sido una noche activa, mucho Spam y un mexicano me deja un comentario que contesto de inmediato… ¡Ya está! ¡Coño se me hace tarde! Corre, ya habrán empezado sin ti.
Lo que decía. Ella recita las respuestas, es todo virtudes… Esto es aburrido… ¿Conozco esa cara, pero de donde? Me repito durante toda la entrevista… “Miéntenos”, me digo para mis adentros. “juro que te he visto antes”…
- ¿Cuál es su mayor virtud?
- Yo diría que es la amistad, soy muy dada a conocer gente nueva.
- Bien, para mí es todo. ¿Tienes alguna otra pregunta que hacer? – me dice mi colega y ya casi niego, cuando veo, al lado de la chica, un equipaje que conocí hoy en la mañana. Y la maraña se aclara dentro de mí.
- Sí, una última pregunta. ¿Cómo reaccionaría usted señorita si por ejemplo, un extraño se le acerca en la estación del metro y le ofrece ayuda con esa maleta que parece tan pesada?
Me miró por un momento directo a los ojos, como buscando alguna respuesta en el guión. Dos, tres, cuatro segundos hasta que la perenne sonrisa se fue apagando, mientras el rojo fue inundando sus mejillas, sus orejas y dejaba pálida sus manos. Fue la primera vez que hizo algo fuera del guión, por toda respuesta, se levantó, tomó su equipaje y se marchó sin decir palabra. Mi colega miró mi sonrisa y preguntó
- What’s going on?