Discutiendo acerca de la nostalgia, cerveza por medio, como siempre ocurre en estos casos, un amigo prometió hacerme llegar un email redactado cuando acabado de salir de Cuba. Dice él que me lo pasaba a mí porque él no tiene vena literaria… Bueno, Yo sólo le he quitado los nombres, por lo demás no le falta ni una coma. Jusguen ustedes.
From: AAAA
Sent: Saturday, January 06, 2007 9:11 PM
To: BBBBB
Subject: Descarga
Hola BBBBB:
Te escribo para descargar. He empezado este año con muchos bríos. Trabajo, al fin. Mi primer encargo está sobre la mesa. Para colmo trabajo en casa.
Desde que estoy en este negocio trabajo con música. Encontré entre las cosas que me traje de Cuba un CD repleto de canciones de Silvio en formato Mp3. Se escurrió no sé como, pero gracias a Dios que salto en mi maleta a la hora de partir. Santiago de Chile, Sueño con Serpientes, Ojalá, El mayor… La rabia coño paciencia, paciencia!!
Y ahora me pregunto que cojones se hace con esta melancolía, pues me ha dejado con más ganas llorar de las que puedo aguantar. Y he llorado como un comemierda, como hace mucho tiempo no lo hacia. En mi cabeza están ahora los tiempos de la Universidad, oyendo a Silvio y Pablo y por ahí para alla de la Habana, de los socios, de la mesa de domino bajo el farol de la esquina, de la vieja del comité que trataba de callarlos a las tres de la mañana.
Estoy enfrentando mi primer trabajo después de mucho tiempo. El tiempo no me sobra, a pesar de eso me he sentado a disfrutar esa música. Son cerca de las 9 de la noche en La Habana. No se si es la media botella de ron (que también vino conmigo de Cuba), pero daría el dinero del proyecto, mi billetera, mi pasaporte (visas incluidas), todas las mujeres que me he templado, las noches de Madrid, mi camisa y mi alma por volver a andar las calles de La Habana.
Mira que oí veces y hasta cante aquello de:
Habana / si mis ojos te abandonaran / si la vida me desterrara a un rincón de la tierra / yo te juro que voy a morirme de ganas / de andar tus calles / tus barrios y tus lugares…
Ahora entiendo el verdadero sentido de la canción. Bueno, ya descargué, perdóname pero no tenía a quien hablar, ahora tengo que seguir con esto.
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From: BBBB
Sent: Monday, January 08, 2007 9:11 PM
To: AAA
Subject: AW: Descarga
Hola AAA:
Bienvenido!!! Otro comemierda más que llega al mundo de la nostalgia!!!
Así que todo ese llantén con las canciones de Silvio… Hmmmm… Deja que te cojan la Aragón o el Benny Moré… Muchacho, ahí sí vas a querer montarte en un avión!!! … Aunque el toque de gracia puede venir acompañado del trío Matamoros o cualquier bolerón viejo de Fernando Álvarez o Bebo Valdés… Se te une el cielo con la tierra, mulato !!
Como bien dices, todos hemos pasado, y pasamos, por ahí, y muy a menudo. Recuerdo cuando estaba en XXXXX, una ciudad en el norte de YYYYY a donde nos mudamos como a los tres meses de estar aquí y donde viví como 2 años y medio. Bueno, como un año después de salir de Cuba, me tropecé con un CD de Dan Den… “Viejo Lázaro”, seguro lo recuerdas. Yo que nunca fui muy bailador y hasta rechazaba un poco la guazanga de la música bailable cubana, cuando escuché el CD ahí mismo en la tienda, empecé a llorar como un niño. Lo escuché completo, como si no me pudiera despegar de aquellos audífonos. Las personas se me quedaban mirando, con mis lagrimones y hasta sollozos, pero me quedé pegado ahí, disfrutando la maravilla de esas tumbadoras, esos cencerros, esas trompetas como si fueran la primera vez que escuchaba algo así. (Bueno, realmente, y gracias a esta distancia, es que he podido empezar a disfrutar la música cubana como algo nuevo en mi vida. Así que cuando digo “por primera vez”, es casi literal. Sé que siempre est
uvo ahí, pero ahora es que lo puedo reconocer y disfrutar. Ya ves, maravillas del exilio).
Después llegó un CD de Sierra Maestra, “Dundumbanza”, un proyecto homenaje a Arsenio Rodríguez. Maravilloso. Ahí re-descubrí otro montón de cosas y descubrí a Arsenio, que es decir la música cubana que no me habían enseñado, y lo pude poner en su justa perspectiva y conectarlo con el jazz que siempre adoré, y reconocer su toque mágico en Coltrane y Marsalis, y re-conectar mi música cubana con el universo entero, y regresar a mi música y descubrir, en viaje de viceversa, a Coltrane y Marsalis en Arsenio, y en Chucho Valdés, y a Chano Pozo en Chick Corea, y a Miles Davis en Leo Brower, etc, etc… Mi experiencia ha sido que al salir del aislamiento de la isla, y valga la redundancia, es que mejor puede apreciar y reconocer a la isla, la isla como isla y la isla que tenemos cada uno dentro de nosotros mismos.
Pero, ¿qué haces cuando a la viejita más pedante y chivatona de la cuadra, la que te buscó mil problemas con tu mujer y con la policía, la recuerdas con un amor del carajo?. Eso, mi hermano, es la sublimación de los recuerdos. Por ejemplo. Tú piensas que el cubano más cerca está a 1000 Km. ¿eh? Niente pariente. Busque, que el que busca encuentra. Me juego el sueldo de esta quincena a que en la ciudad donde estas hay otro cubiche, si es que no hay diez o doce, o veinte. Posiblemente no tengan mucho que ver contigo, pero son cubiches, como tú y como yo. Si te empataras con alguno, te pasaría como si te encontraras con uno de esos vecinos que añoras, de esos que recuerdas hoy con todo el cariño del mundo y pagarías un millón de dólares por tomarte una botella con él, pero si lo tienes delante por un segundo, te das cuenta por qué realmente no lo tienes delante, te das cuenta por qué estas tan lejos.
La nostalgia, y eso sí puedo profetizarlo desde ahora, se acaba cuando pones un pie en el aeropuerto de La Habana, y después de tantos meses, años quizá, viviendo en cualquier parte del mundo donde te haya tocado carenar, chocas de nuevo con esa realidad-irrealidad de la Cuba que nos hizo querer volar, que casi nos empujó fuera de la casa, de la calle, del barrio y nos convirtió en estos semi-fantasmas aturdidos que seguimos deseándola, añorándola, casi como se desea a la puta que nos pega los tarros. Las caras de esos policías en el aeropuerto te van a hacer recordar inmediatamente cuantas veces te pidieron el carné de identidad en la calle, mientras tú, cagado del miedo porque llevabas medio pollo congelado en la mochila, te ponía nervioso buscando el dichoso documento. Y la cara de los oficiales de inmigración, semi-delincuentes uniformados, te van a hacer recordar de todos los timadores y delincuentes con los que tuviste que lidiar en tu puta vida de sobreviviente habanero… Y luego vendrá ese calor al que ya no estas acostumbrado y ese polvo en el ambiente que te hace sentir eternamente sucio, aunque te duches 10 veces al día y aunque cada vez que salgas de la ducha le des un beso a la vieja, y le repitas lo bien que te sientes y lo mucho que la extrañabas… Dentro de ti sabes que no es verdad, que el baño de tu apartamento allí donde vives hoy es más cómodo y más limpio, y el bar en el que te diviertes los fines de semana es más acogedor y las personas son más amables que en esta piloto de mala muerte donde te tomas una cerveza que no sabe igual… No, no sabe igual, en tu memoria, cuando estaba en el bar de tu nueva ciudad extrañando esta cerveza, sabía maravillosamente bien, pero cuando la bebes te das cuenta que es una mierda, un brebaje medio tibio e insípido… Y por un segundo, un segundo solamente quisieras tener una jarra helada como las que te tomas en ese bar del barrio… Y así, cada gesto, cada palabra será un recuerdo, una calambre en el estómago, un pinchazo en el corazón, un dolorcito aquí dentro cuando sientes que ya tienes ganas de regresar a casa, ¿a casa?… Hmmm… Te quedas pensando y te sientes más triste todavía, ¿no era esta mi casa? ¿No eran estas calles que añoraba?… No, no son. No, no eres. Las calles cambiaron igual que cambiaste tú. Se acostumbraron a tu ausencia, le dieron la bienvenida a los nuevos habitantes de la ciudad, de la misma manera que te acostumbraste a tu nuevo espacio, tus nuevos amigos, tus nuevos amores, a tu nueva ciudad. La ciudad que extrañas solo existe en tu memoria. Es tu Habana. Es tu Parque Central. Es tu Paseo del Prado. Y es diferente, totalmente diferente al mío, diferente al de mi hija, diferente al de mi abuelo.
Creo que la memoria es una cabrona. Por eso hay que domesticarla, digo yo. Y la única manera que he encontrado de hacerlo es de vez en cuando, o si puedes, todos los días, sacar uno de esos recuerdos al sol, acariciarlo, deleitarte, disfrutarlo, soplarlo un poquito como si con ese aliento de vida se prolongara su existencia y hasta llorar con él si hace falta, y luego volverlo a guardar, lo más intacto posible, en ese mismo rinconcito de nuestro corazón, o de nuestra memoria, porque ya no sé bien donde es que habita la nostalgia, solo sé que es donde han estado almacenados los recuerdos durante mucho tiempo, y dejarlo allí, en la paz de la intimidad de nuestro ser, porque no hay manera de que lo podamos compartir con alguien que hayamos conocido después. Ese, mi hermano, es el ejercicio doloroso y necesario de la memoria. Esa la única medicina contra la nostalgia. Esa es la cotidianidad del inmigrante, la manera en que sobrevivimos a la ausencia: teniendo siempre un recuerdo disponible. Así, la próxima vez que te asomes en el balcón de ese apartamento en el fin del mundo, podrás cerrar los ojos y volver a respirar tranquilamente el aire del Malecón, como si estuvieras besando una mulata en una azotea habanera.
Un abrazo, con el amor de siempre,
BBBB