Los vemos hoy de lejos. Cada paso acompañado de un suspiro, cada paso una agonía en sí mismo, arrastrando los pies y la vejez loma arriba en la calzada de Luyanó. Se levantan antes de que la claridad inunde el barrio, como han hecho durante los últimos cuarenta y tantos años, desde que del brazo de sus barbudos padres bajados de sierra llegaran a llenar el espacio de la nueva infancia cubana, la infancia del futuro.
Pero he aquí que estos niños no han llegado a crecer, o al menos no alcanzaron el tamaño de sus sueños que se fueron postergando.
Hoy, cada vez más personas les pasan por el lado: niños vestidos de uniformes y zapatillas importadas, jóvenes atados a los bulliciosos audífonos de sus Ipods importados por los otrora traidores. Sus hijos hoy adultos “luchando” como neo Robin Hoods: robando a los poderosos para dar de comer a los pobres, en los que se incluye esa generación de paso lento e inseguro.
Los vemos hoy muy lejos, con más de 6 décadas de sueños por cumplir en las costillas. ¿Seremos como ellos? - Mejor no, responden con voz cansada y siguen en la cola del periódico- papel sanitario que después venderán por un peso.