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Mi carrera de actor porno

Posted on Miércoles 10 Octubre 2007

RUBIA.jpgEso fue cuando me dio por ser actor.

Sí, porque lo que la gente no sabe cuando está en Cuba, es que aquí afuera hay que hacer cualquier cosa para poder comer. Que a pesar de que todas las tiendas están llenas, las cosas no se regalan y siguen tan lejos de ti como cuando estás en la Habana si no tienes con qué pagarlas. Así que si no apruebas el dicho que “comer justifica los medios” deja de leer inmediatamente.

Sí señor - seguimos- con un hambre de tres pares, decidí presentarme a las audiciones para actores extras, en una producción porno. La cosa era fácil, según dijeron era pasearse desnudo por un patio lleno de estatuas clásicas. La acción se desarrollaba en la Roma antigua y yo (o el elegido) sería una especie de príncipe africano que pretendía tomar algún licor en una jarra dorada rodeado de hermosas doncellas desnudas -también extras- mientras en primer plano, los protagonistas formaban el acabose. No muy imaginativo la verdad, yo he visto al menos 10 pelis parecidas, pero eso era lo que había y si me pagaban por ello ya era bastante.

Esa fue la descripción que hizo ante una sala llena de aspirantes a Otelos y doncellas, una mujer muy maquillada que luchaba en vano con los años. Yo ocupaba la última fila y a duras penas podía sacar en claro algo del discurso de la vieja, pero gracias a una aspirante a colega sentada a mi lado, a la que le caí bien de gratis desde el principio y que tuvo la gentileza de traducirme, me enteré de que iba el tema.

Desgraciadamente un par de horas más tarde ambos estábamos nuevamente en la calle rechazados en la primera vuelta por viejos: ella con 26 años y yo con 10 más dimos por terminada así nuestra carrera cinematográfica; la gente quiere ver carne fresca.

 

starbucks coffee.jpg

 

Pasamos el resto de la mañana en el Starbucks Café. Ella riendo con mis chistes y yo loco porque me invitara a su casa… y no tuve que esperar mucho. A partir del momento en que cerramos tras nosotros la puerta y durante los siguientes ocho meses, fuimos los protagonistas de nuestra propia película para adultos – claro que yo seguí sin paga, pero no me importaba mucho. El tiempo pasó volando: ella se acostumbró a vivir cómodamente del dinero de ayuda por desempleo y yo repartiendo publicidad o periódicos por las noches, la mayoría de las veces en el aire. Si duró tanto fue porque ella se tomó muy en serio su papel en nuestro filme. Pero, pasado ese tiempo, me di cuenta que no llegaría muy lejos en mis roles de actor porno, encargado de marketing por cuenta propia y periodista independiente así que, cuando un amigo me habló de mejores posibilidades en otra ciudad, recogí mis cosas y me fui con la música a otra parte.

 

  

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