Es algo difícil de explicar. En Cuba las cosas son siempre o blancas o negras. Y esto pasó con la música. Resulta que por allá por los 80, después de haber recibido la visita de Oscar de León una fiebre revitalizadora de la música y sobre todo el baile cubanos recorría la isla. Por esa época bailé más ruedas de casino que en toda mi vida anterior junta. Pero a lo que iba, resulta curioso desde la distancia actual que los cubanos se dividieran de tal manera en cuanto a gustos musicales se trata que, quien siguiera la música salsa tenía que odiar la música rock. Y a los roqueros ni hablar de música tradicional cubana.
A tal punto llegó esta tirantez que en las escuelas al campo y para evitar trifulcas la dirección del campamento tuvo que decidir que un día se oyera sólo salsa y al siguiente sólo rock. Entonces las trifulcas venían dadas porque miembros de uno y otro grupo usaban su “día off” para burlarse o poner malo el picao de los otros. Por suerte la sangre nunca llegó al río.
Pero me vino esto hoy a la mente porque he comentado en este post acerca de la pregunta clásica: ¿Quien es mejor: Led Zeppelín o los Beatles? Y caí en cuenta que siempre amé a los Zeppelín en secreto, para que el grupo me aceptara.
Dime tú: ¡un negrito ledzeppeliano! ¡Me hubiera costado la vida!