Yurima por fin tuvo su bicicleta


Esta chica criada en un reparto de una de  las ciudades cubanas de las provincias orientales, donde no podía evitar una cierta envidia al ver a los demás muchachos pasear las calles de su barrio en sus bicis. A Yurima se le iban los ojos tras ellos, las bicicletas la volvían loca.

Y… ¡Mamá yo quiero una bicicleta!

La madre le decía -¡donde tú vas con 17 años con una bicicleta! ¡Eso son cosas de machos! – ponte pa las cosas de tu edad y déjate de boberías.

La mamá estaba divorciada y su sueldo apenas daba para la resolverdera de la jama y poco más. Yurima, sabedora de ser el ojito derecho del abuelo materno, se fue para él como último recurso.

El abuelo de Yurima tenía debilidad por esa nieta y concluyó resolverle lo de la bici. Al oír la petición de la nieta, contundente el abuelo sentenció –¡Tú tendrás tu bicicleta!

La madre se quejaba diciendo. ¡Esta niña es una malcriá! ¡Todos  los caprichos se los da el abuelo!

El abuelo que vivía en el campo, tenía unas tierritas donde plantaba sus verduras, así como lo que en cada estación del año requería.

El abuelo de Yurima también criaba puercos y le dio uno chiquito a su mamá para que lo criara y engordara hasta tener el peso justo y llevar a cabo la transacción con la bici deseada por la nieta.

La mamá harta de la canción de la hija con la bici, accedió y habilitó un cuartico de la casa para tal menester. El plomero le instaló en dicho cuartico una cifa y todas las mañanas antes de irse para su pincha dejaba tal limpieza a base de Creolina que nadie se esteró que allí se estaba criando un puerco. ¡ vamos que los vecinos se enteraron cuando pesaba 200 libras!

Con salcocho, pienso, palmiche y todas las sobras de la casa el puerco engordaba a velocidad de crucero, cuando estuvo apunto para el deseado cambió, no hubo problemas en encontrar interesados en cambiar el puerco por una bicicleta.

Una vez echa la operación del cambio. Yurima tardó una semana en aprender a montar en bici, sus buenos trompazos le costó, decía su mamá. -¡Mijita, mira a ver con 17 años y toas las patas pelás de golpes!

Yurima una tarde después de tanto ensayo salió con la bici por fin guardando el equilibrio y toda lanzada, ya sabía montar en bici, empalmó la alameda una vez dejado a tras su barrio y con los carros pasando por su lado fue vista por un vecino que alarmado le dijo a la madre.

-¡vi a la negra por la alameda en la bicicleta!

Yurima no sabía dar la vuelta, todo era ir p´alante y gracias a una cuesta tuvo que detenerse, puso pie en tierra y aprovechó pa virar y por fin se detuvo cuando vio llegar a la madre gritándole -¡estas loca te vas a matar, vira pa la casa!

Han pasado los años y la bicicleta de Yurima la tiene en el cuartico que en su día sirvió para engordar al cerdo, allí ha tenido que soportar el que la dueña no se quisiera desprenderse de la misma. Su abuela no hace más que decirle que se la regale a su primo que vive en el campo y le haría más papel.

Yurima siempre reticente a deshacerse de la bici, le decía a la abuela que no, que era de ella, ya que el abuelo tuvo el gusto de que ella tuviera la ansiada bicicleta.

Hoy en la distancia de muchos kilómetros por fin le ha dado el gusto a la abuela en sus deseos de regalársela a su primo. Por teléfono ha dado gustosamente su brazo a torcer diciéndose para si, que es lo mejor, que la disfrute su primo y… –¡Abuela, dale la bicicleta a mi primo, regálasela, oíste!

Toni
Mayo de 2008

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