Majestades, a ser posible quisiera que las entendederas de nuestros gobernantes, ustedes con su divino poder, las dotaran de la suficiente claridad para que los ciudadanos de a pie no nos viéramos en situaciones como la que a continuación les cuento.

Hace unos días, una mañana camino de mi trabajo junto a la carretera, como tantas veces, vi como un perro asustado esperaba la ocasión para cruzarla, al parecer su instinto le decía ir al otro lado.
Intuyo cual va a ser su final. Mi premonición durante el viaje, me hace sentirme mal. Me da que pensar que en el presente siglo algo, alguien… Las instituciones debían ser más precavidas y que el ciudadano sintiera el alivio de que marcando un numero de teléfono ese animal podría salvar la vida, seguir con nosotros… tan simple como eso, una llamada y ya.
No se me va de la cabeza en todo el trayecto la suerte que correrá el pobre animal. Y sin embargo a menudo vivimos, oímos y leemos en los medios de prensa etc. Los exagerados dispendios del erario público que se hacen de nuestros impuestos, como se dilapidan por nuestros gobernantes, que si tantos millones de euros para pintar tal cúpula, que si tantos otros para esto o para aquello. Cosas que nuestro raciocinio entiende que son banales, innecesarios, o que podrían esperar. Entiendo que esas cosas que están a la vista del ciudadano, del contribuyente deben de tener un mejor tratamiento, a la postre es quien mantiene todo el sistema.
Estoy cansado y aburre el ver y oír como nuestros gobernantes según el color del partido político que sea, se lanzan los suficientes reproches, de cómo se tunean coches, se hacen suntuosas mansiones, crean ministerios sin sentido, se blindan sueldos y jubilaciones etc. etc. Y sin embargo la paz y la tranquilidad en esas cosas que preocupan al ciudadano de a pie no llegan.
Vuelvo de mi trabajo de ocho horas, regreso con la preocupación en lo que me ha tenido pensativo toda la jornada, la de- que le habrá pasado al animal- el día ha estado lluvioso y frío, la compañía de la radio ha sido durante el viaje la que únicamente ha conseguido quitarme a ratos lo del pobre can. Ya estoy llegando a la zona que por la mañana lo vi y miro con fruición, quiero saber si le ha pasado algo. Mi temor se ha confirmado, junto a la valla de la carretera a unos metros de donde lo vi por la mañana yace junto a una pequeña mancha de sangre ennegrecida, que como fiel notario da fe de lo tristemente acontecido y con los ojos abiertos dirigidos al frente, a la aparte que su instinto le decía debía ir. Por el color de la mancha de la sangre debió ser atropellado al poco de verlo por la mañana. Haber ahora como me quito de la cabeza el síntoma de culpa, por no haber echo algo más…
¡Maldita sea la mano que mata a un perro, intencionada o por dejación!
Toni. – Enero de 2009.
Entradas relacionadas :
- Vivís de mi dinero
- Animal de costumbres... Viaje a Viñales.
- Le dijo ¡NO!
- Mis sueños, sueños son…
- La Isla de Cuba. "Panal de rica miel"
#1 por beto el 10/Ene/2009
tony que paso con las aventuras de cuba no has viajado a la havana
#2 por Antonio Miralles el 10/Ene/2009
beto, si estuve en La Habana, leete los dos siguientes escritos del blog y lo verás, pero te digo hay tanto que hablar de Cuba que de vez en cuando cambio el disco, pa no aburrir. Un saludo.
#3 por PIKY el 12/Abr/2009
¿Los ciervos tienen cuernos?