Pasas por delante de mà como si fueras un animal de compañÃa abandonado a tu suerte en una gasolinera madrileña con el rabo entre las piernas y la lengua a un lado, jadeante, soñando con que te dé agua mientras unas letras rojas indican: EL NUNCA LO HARÃA…

SonrÃo desde mi interior al verte entrar por la puerta. Me digo que seguramente esta noche inventarás algo nuevo que incite a la perra que llevo dentro a implicarme, más de lo debido, en la escucha forzosa que tengo que llevar a cabo cada vez que intentas relatarme tu vida, desde el otro lado de la barra.

