“…la expresión mítica de la inevitable relación entre lo positivo y lo negativo. Para los yoruba, la casa significa el refugio por excelencia, el lugar privilegiado contra los avatares del destino. En su misma puerta reside Elegguá, marcando con su presencia la frontera entre dos mundos: el interno, de la seguridad, y el externo, del peligro. Pero no puede haber seguridad sin peligro, ni sosiego sin inquietud…”.
Natalia Bolivar. Los Orishas en Cuba. Pag. 36.

Me siento en el suelo, en ese lugar en el que deberíamos estar todos. Pienso que ya queda menos o eres tú el que lo piensa, a lo mejor lo imagino y no es nadie quien sueña con esa sentencia ilusoria sobre unas manillas de reloj en las que me cuelgo para jugar con el tiempo. Sigo sentada.
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