11.29Insulsa insumision entre panes y peces.

Hubiera sido fácil esconderme tras la dulzura.
Volverme ignorante y pacífica.
Ser una más entre otras y otras
que procrearán a otras también parecidas
para después, lamentar la crecida del monstruo
que ya desde antes gritaba en mi vientre sus deseos.
Hubiera sido fácil no parecerme a ti,
no tener un miembro enorme que introducirte por sorpresa,
dejarme llevar por la pornográfica pérdida de la pureza
mostrarme abierta, gritando: Entra.
Hubiera sido fácil no darme a conocer
(Nadie esta deforme hasta que no se representa)
pero yo llevo los diabólicos cuernos en mis senos,
la calentura insaciable del deseo
y me abro y me desabrocho y me arrastro y serpenteo.
¿De qué serviría reafirmarte en un engaño?
Te dije: Estoy seca y desértica,
tendida al sol como un animal al descubierto,
pero a pesar de todo grite: Entra,
mientras con ilusos movimientos malabares
¿pensaste en poblarme?
¿se te ocurrió (aunque fuera por un instante)
la insulsa idea de fertilizarme?
No existe tu único horizonte
aunque sea tu fruta prohibida donde como.
No son tus manos el instrumento que me sacia.
No es tu boca lo que apaga mi sed.
No es tu cuerpo mi cobijo.
Es la insumisión lo que me da ventaja sobre ti
que quieres poseerme sin remedio,
engañándote cuando te dejo
colocar tus dedos en mis huecos.
Sin embargo, intento lamentar
el boceto retroactivo
de abandonar este dejà vú
que visité en el pasado…
Y me fabrico de nuevo, casi hasta me programo:
me levanto, me visto, me peino, me lavo,
me muero, me lloro, me curo y me daño.
De nada sirven tus dedos ante todos mis reclamos
ni quedan más sacrificios, ni bajan todos los santos,
ni tengo ganas de ti, ni me sacio entre tus manos.
Ni te siento, ni me padeces,
ya ni partimos panes, ni multiplicamos peces.

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