Incandescencia a colores

Lobo

Vienen a mirar en manadas…
No me presento.
No dejo que los leones coman de mis entrañas.
Quien quiera hacer un circo de esto que lo haga,
que se envenenen ellos con sus patrañas.
Que pronuncien mi nombre en tu ausencia
y que después me abracen en tu presencia
qué importa a estas alturas tan elevadas.
Si fui lo que fui o si no he sido,
si sigo caminando sin ti y sin ti sigo,
si salgo, si entro, si ayer resulta,
¡si no tiene importancia el que me insulta!.

Curiosean los gestos de mi boca que traga tu saliva
para no hablarte nunca de los que miran.
Yo sólo sé que me engancho al duro mástil en el que enebras
la columna vertebral de una sirena
y tengo colores sobre mi espalda que ha naufragado
elevandose al techo y que ha gozado.
Sé que me detuve en la esquina salpicada de incandescencia,
que me colgué a tu pecho y a tu garganta,
que anunciaste soles y llamaradas
lamiéndote el deseo entre enciendes y apagas.

Que me importa a mi lo que te digan
(la necedad no sabe de las amigas)
y que te importa a ti de lo que piensen
(cuántas hubieran querido estar entre tus redes).
¡Señoras y Señores, pasen y vean!
ya lo decía en sus versos Maria Elena,
esto es un circo lleno de enanos,
menos mal que nosotros nos ala-vamos.

Un comentario en “Incandescencia a colores”

  1. paco guerrero dice:

    hay tanta hipocresia en este mundo.
    buen relato de palabras y verdades.
    un abrazo

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