Me estrello con las “Utopías” sin poder evitarlo. Escuchando tu voz vienen a mi memoria las muchas veces que las palabras de aliento acunaron mi ser. Aquellos sueños que parecían rotos se han unido para enseñarme/nos que mar adentro, entre olas, se vive mejor. Tu melodía envuelve la noche y repito en extinción que continúo viva gracias a una nota, una forma de encender la conciencia apagada por los días, en medio de éste renacer en el que nos encontramos.

Cada uno por un camino diferente viene a verse en mitad de la tarde. Tú traes en tu equipaje limpio el corazón y yo vengo a regalarte un poema tras la conversación. Nos reconocemos. Por fin algunos seres humanos se sienten y todo esta en equilibrio. Te digo, entre risas y cañas, que no envejecimos, pequeñas confesiones que nos permite esta ciudad gracias a un breve encuentro. La locura me da la bienvenida y yo, que pensé que era la única, me siento acompañada de confianza y sinceridad. Sigues siendo un muchacho pegado a una sonrisa, repleto de sueños que lanzas a bocajarro contra los sordos de intenciones. Sigues rechazando propiedades y reivindicando libertades. Sigues proclamando el valor de la palabra, de la primera que quiso dibujar sensaciones de amistad y yo quiero rescatar cada una de las sílabas para ir más allá del primer sentido y quién sabe, de la primera vez que pudiste salvarte de los horarios y de las obligaciones, asaltando la ciudad entre guitarras y ritmos.
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