Ya solo quedan 74, se nos fue uno de los 75 encarcelados aquella infausta primavera, aquí quedamos los demás con la inmensa responsabilidad de tu herencia, que algún día los tuyos vivan en una Cuba Libre.
Los Hermanos Fraternales por la Dignidad llorarán tu ausencia, la Comisión de Relaciones Públicas de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil quedará huérfana, nadie podrá llenar el hueco que nos dejas, más habrá que intentarlo en tu honor y en tu memoria.
Ya te fuiste a darle novedades a Gustavo Arcos, que apasionada tertulia nos perderemos, casi puedo veros a los dos sentados a la vera de Pedro Luis Boitel, no lejos de San Cristóbal que salió a recogerte de las manos de San Pedro, allí encenderéis un tabaco, compartiréis un roncito y debatiréis los avatares que nos depara el destino que ya no tiene secretos para vosotros.
Nos quedarán tus pensamientos, tus artículos desde ese infausto infierno llamado Kilo 8 sito en Camagüey, tus valientes reportes de la represión a la que eras sometido junto a los demás penados, tu alegría al enterarte de alguna liberación, tus desvelos por la inexistente atención medica a ti y a tus compadres, autenticas crónicas negras del ensañamiento a que fuiste sometido por defender los derechos humanos y la dignidad de un pueblo sometido duramente por largos lustros, es por eso que se que ya estás en el cielo, el infierno ya lo tuviste en vida y arriba ya lo sabían, ahora solo te queda disfrutar eternamente de la presencia de nuestro Dios Padre en buena compañía.
No tuvo el tirano la compasión que a él le dedican sus mamporreros para dejarte viajar en busca de una atención médica decente, esa que a el le importan desde España, no hubo para ti ningún galeno gallego que te curara y de esto compadre, no nos olvidaremos y nos encargaremos que los demás no puedan hacerlo tampoco.
No solo guardaremos los tres días de duelo con una cinta negra en el brazo que propuso Marta sino que perpetuaremos tu recuerdo siguiendo tu obra cada día, en cada denuncia de los atropellos de la gerontocracia castrista se notará tu inspiración, eso no lo podrán impedir, no nos pueden matar a todos.
Tu corazón no aguantó, quizás tras esa primavera se averió sin remedio el motor al faltarle el lubricante del amor de tu esposa, tú sabias que ella vivía en el y en su ausencia todo fue a peor.
A quien no verás por allí serán a tus médicos y carceleros, ellos no conocerán la redención, desde el mismo Fidel Castro, pasando por su hermano, Abelardo y los mandos del Minint, los jueces, los fiscales, los reeducadores de los penales y los funcionarios de las prisiones, todos estos no aparecerán por el cielo, ninguno.
No sabemos a estas alturas si estos presuntos elementos de la raza humana, porque solo lo parecen, yo dudo de que realmente tengan alma; enfrentaran la responsabilidad de tu muerte en los tribunales de una Cuba democrática pero lo que si tenemos seguro es que el juicio final ya lo perdieron antes de comenzar.
Bueno hermano me voy a despedir haciendo algo que creo que tu harías sin dudar, exigir la inmediata e incondicional liberación de todos los presos políticos y de conciencia, periodistas independientes y de todos los injustamente encarcelados por el dislate de sistema judicial que se inventó un revolucionario para perpetuar su dictadura ab in eternum.
Pondré en manos de Pablo Alfonso la responsabilidad de hacerle llegar este escrito a tu esposa Bárbara Elisa Collazo a través de Marta Beatriz Roque para ver si estas pobres letras son capaces de mitigar un poco el dolor de los tuyos que siento como mío.
Descansa en paz hermano, descansa en paz.
Ad futúram rei memóriam.
Para recuerdo perenne.
Oswaldo Yañez.
Ciudad de La Habana.
A once de enero del año de la inminente Libertad para los Cubanos.
ABR

