FLATUS ET LUCTUS.
El supremo hacedor la llamó a su lado, antes la privó de su conocimiento con un derrame cerebral, no podía ser de otra manera, Dios sabía que haría caso omiso al ángel de la muerte, le hubiera respondido con una hebra de voz, no sin mis hijos y mi patria en Libertad, su voluntad era inquebrantable.
Rondaba la treintena cuando cambiamos a un tirano por otro, ella manifestó una vocación democrática que marcó la educación de sus cinco hijos: Juan Francisco, Guido, María Victoria, Miguel y Ariel, fruto de su matrimonio con Liberato Sigler Conde. Ni la enfermedad de su esposo, ni los esfuerzos del castrismo para que depusiera su actitud la alejaron de su senda. Lea el resto del artículo »