El telón de azúcar ya está hecho jirones, no era impenetrable, ese fue el mejor engaño de su creador, pretender una invulnerabilidad que no poseía. Con cada nueva medida que Castro II el Empecinado toma, cae un calandrajo al tablado que se empapa inmediatamente en la sangre vertida por mantenerlo en pie; con cada acto de la disidencia pacífica se desgarra otra gualdrapa, la última fue este domingo, las Damas de Blanco volvieron a desfilar, esta vez su silencio gritaba tan fuerte Libertad que era imposible no escucharlo, otro jirón se viró al piso.



