posted by Guillermo Ferrer on abr 28

Esperó durante mucho tiempo este momento tan especial para un padre. Su primogénito-nunca ocultó su predilección –alcanzaba la mayoría de edad y podía alimentarse por si solo ¡Eureka!-exclamó y movió bruscamente el rostro, golpeándose sin remedio contra la tapa del ataúd. Estaba harto de entrar a hurtadillas en los bancos de sangre y en los hospitales en busca de alimento. Se acomodó en el cajón como pudo, la kig Size no llegaba. Maldijo a los proveedores que prometen y prometen pero de cumplir, es otra la historia. Casi no podía moverse, con los años, la panza le había crecido demasiado-cosas de la edad- decía su esposa mientras observaba a otros vampiros de cuerpos esbeltos y fornidos.
Sintió el movimiento inquieto de su hijo en la tumba aledaña. No lo culpaba, comprendía la situación, Recordó su primera vez, fue un completo desastre. Para encontrar la yugular tuvo que darle a su presa incontables mordeduras, a tal punto que la sangre salpicó todo el lugar y una buena parte no pudo ser aprovechada. Su padre se enojó mucho y lo castigó duramente, tanto que las visitas al terapeuta duraron años antes de darle el alta.
Quiso proteger a su hijo, no como le hicieron a el que le dieron un empujón y le gritaron desaforadamente: ¡A chupar y déjate de joder! Así no más. Se puso en campaña y robó varias láminas y maquetas del consultorio del Dr. Romero, medico del pueblo. Con paciencia le enseñó la anatomía de los humanos y cuales eran los puntos donde clavar los colmillos para alimentarse, repitiéndolo una y otra vez hasta que Júnior dominó la teoría que utilizaría el resto de su larguisima vida.
Llegó la noche, Padre e hijo abandonaron el camposanto, luego de saltar la tapia, se dirigieron al pueblo por las estrechas guardarrayas que bordeaban los tupidos cañaverales. Evitaron las zonas iluminadas y a los paisanos que se dirigían a los prostíbulos de las afueras de Ranchuelo, que para esa época, era un grupo de casas alrededor de la iglesia y un pequeño parque .El calor sofocante y la pesada humedad expulsó a todos de sus casas, nada de brisa alegraba los ardientes cuerpos que buscaban sin lógralo un poco de sosiego.
Elsa, la mulata que hacia su trabajo en el bar de Machia, tuvo un día agitado. Faltó una de las chicas-decían que el novio la persiguió machete en mano hasta San Juan de los Yeras, donde vivían los hermanos cuando se enteró de su labor nocturna- No tuvo mas remedio que cubrir otro turno, eso si, con la cadencia habitual a la que tenia acostumbrados a la exigente clientela, que luego de un día cortando caña y guataqueando la maleza de las plantaciones de boniato, eran proclives a incendiar el lugar al menor atisbo de baja en la calidad del producto. La mestiza era famosa, portaba un culazo de aquellos y más de un veterano quedo tieso de un infarto antes de que la artista terminase su presentación.
Cerró el bar y la mulata se dirigió a su casa agotada por el calor y el exceso de movimiento de su estrecha cintura. Se tomó un café claro con un pedazo de pan y sin asearse, rendida, se lanzó al pequeño catre tal como el Señor tuvo la bondad de traerla al mundo. El catre, vencido de tanto combate chirrió dolorido al recibir el cuerpazo de la joven. Las ventanas abiertas y el saco de yute que hacia de cortina corrido permitían al viento entrar en la humilde vivienda y acariciar pícaro el cuerpo de la hembra, que dormida boca abajo, ofrecía descuidada una belleza impactante que clamaba ser conquistada.
Las luces del pueblo al marcharse dejaron que las tinieblas inundaran el lugar. Era el momento esperado por los cazadores que al asecho, sentían el aroma de la mujer avivando su apetito. Se acercaron sigilosos a la ventana de la mulata que abierta los invitaba a realizar su fechoría. Un breve aleteo los llevó cerca del catre, Nosferatu extendió el brazo y sonriente le indico el cuerpo de la presa a su hijo.
Júnior abrió las alas y los colmillos enormes al salir de las fauces desgarraron la noche. Silencioso se acercó aun mas a la mujer, que impúdica mostraba todo el esplendor de su belleza. El padre se apartó y tomó distancia por consejo del psicólogo-Déjalo solo, ya es grande, no lo apures con tus prejuicios, recuerda lo que te sucedió a ti- le repitió hasta el cansancio-El vampirito se detuvo y se paralizó al lado de la mujer. El tiempo pasaba y Júnior sin hacer nada, solo miraba a la mulata y el pelo de la nuca se le erizó poco a poco como el penacho de un gallo antes de lanzarlo a la lidia. El padre se preocupó, ¿Que pasa? ¿Por qué no actúa? Pensó que lo había preparado para todo. Se equivocó.
De pronto, Júnior emitió un rugido y se lanzó con la fauce abierta contra las nalgas de la mulata, propinándole una mordida lujuriosa y lasciva-El Padre recordó que el niño también era virgen y eso no lo tuvo en cuenta, nunca antes se había dado un caso así. Le gritó a su hijo y se tiró sobre él, agarrándolo de las alas para que soltara el trasero de la negra, mientras gritaba: ¡Coño no seas bruto, ahí no, ahí no, es en la garganta! Y continuó tirando para que su hijo abandonara actuación tan poco decorosa para el blasón familiar.
La negra despertó horrorizada y comenzó a patear a sus agresores y a gritos pidió ayuda. En la lucha la mujer estiró la mano y acertó el frasco de agua bendita que el cura del pueblo había olvidado junto con la sotana. El santo varón era habitué en casa de la pecadora, hasta que una noche de carnaval un guajiro borracho y enamorado tumbó la puerta de una patada y machete en mano buscó quien recibía la buena voluntad de la mestiza. El cura en pelotas corrió por el platanal del fondo de la casa, siguió a toda velocidad por la punta de yuca de los Avalos y encontró refugio en la casa del monaguillo que era su confidente y amigo de aventuras. Muchas beatas no reconocieron en aquel sujeto velludo y extraordinariamente dotado a su buen pastor y cayeron de rodillas pensando que era el maligno, otras no tan beatas conocían el apetito y las dotes del padre y rieron al saber del incidente. En fin, la negra logró lanzar el líquido bendito sobre sus atacantes en el momento que se abría la puerta y la guajirada en masa acudía en su auxilio. Los vampiros sorprendidos y doloridos por las quemaduras escaparon entre las carcajadas de todos al comprender lo que allí sucedía.
El escándalo fue tal que todo el pueblo se enteró de lo ocurrido. Elsa era conocida y los vampiros, a pesar de sus manías alimentarías, también eran vecinos del lugar. Cuentan que un poeta del pueblo –Paco Fleites-cantó en sus rimas lo sucedido. No hubo guateque o pelea de gallos donde las coplas no se repitieran y los paisanos rieron hasta el hartazgo. Fue tal la burla que la familia de los vampiros perdió el respeto de la población y les cambiaron el terrible “Nosferatu” por el de “los vampiros culeros”, cosa que les repetían a diario. La gente al verlos los señalaba irrespetuosamente con el dedo y caían de espaldas por la risa en lugar de cagarse en los pantalones por el temor a un ataque.
Cuentan los lugareños que la familia culera, perdón Nosferatu, cargó sus ataúdes y aprovechando un carguero atracado en el puerto de Cienfuegos partió en silencio hacia Barcelona a casa de unos parientes y finalizaron su viaje en Transilvania. Lejos de las rimas de Paco Fleites y de las burlas, pudieron reconstruir sus vidas y continuar la historia de horror familiar en el viejo castillo de sus ancestros.
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