posted by Guillermo Ferrer on Dic 28
La marina al igual que una parte importante de la sociedad cubana, tenia en poca estima “viejos valores” que en otra época ennoblecieron e hicieron dignos a los hijos de nuestro pueblo. La disciplina estaba viciada por el continuo flujo de necesidades y carestías, falso acatamiento a las directivas del partido y corrupción generalizada para satisfacer la más mínima de las necesidades.

En Cuba para conveniencia de nuestros lideres, se confunden y superponen los roles de las administraciones, organizaciones políticas y demás entes que conforman el entramado social. Se mezclan consignas del partido y sindicatos con las necesidades reales que la lógica de lo laboral necesita.
En el vértice de la pirámide que controla la vida de la isla se escucha un único lenguaje. Una sola voz ordena como debe funcionar el andamiaje sistémico donde se superponen subsistemas de límites difusos que ejecutan -como pueden- las políticas sectoriales. Prevalece la más completa ambigüedad. No existen reglas claras y obligatorias para todos. Ni siquiera para aquellos que las generan.
Cualquiera que ha desempeñado una labor de dirección tiene la obligación-si quiere mantener su puesto y sus beneficios- mirar constantemente hacia arriba e intentar traducir convenientemente que quieren nuestros lideres con sus ideas siempre geniales abrumando el quehacer cotidiano.
Un buen día nos dimos cuenta que las costumbres y el lenguaje del solar (conventillo) ganaron las calles. Aceptados como patrón de conducta por nosotros los cubanos. Confundimos y validamos lo chabacano-marginal con lo popular. Profesionales, dirigentes y estudiantes lo utilizaron. Hicieron práctica cotidiana lo peor del vocabulario y del comportamiento que debieron ser superados con tanto cubano estudiando gracias al estado
Cierto que se mejoro la educación. La cultura muy lejos de serlo. Recordemos que Fidel reconoció la prostitucion (jineteras) llegando a decir que eran las mas cultas del mundo (¿?). Nunca se legislo en su contra y fueron utilizadas para agradar a los nuevos turistas, ahora putas revolucionarias, su trabajo no era atender a los yanquis imperialitas por lo tanto eran bien vistas desde el Estado.
Suponga un marino vagoneta, militante del partido o con un familiar gozando de las ventajas de un carguito de mierda. Suponga también que debe darle una patadita en beneficio del resto de los tripulantes que callados observan. El asunto puede llegar a complicase si no emplea el manual del buen dirigente, donde se explican los procedimientos, los pitos y matracas que ha de tocar para que finalmente el objetivo pueda ser cumplido. En fin, lo común, casi siempre era hacernos los distraídos, no tirar de la cuerda, ofrecer un puente de plata o cualquier alternativa que no complicara nuestra existencia y todo fuera fluido y armónico. Con las nefastas consecuencias que ese accionar origina a corto plazo.
Los “proletarios pillos” y los “pillos no proletarios” comprendieron el beneficio que podían obtener de la fraseología y el mal enfocado garantismo partidista. Aprendieron a utilizarlo y las relaciones laborales se hicieron muy difíciles. Tanto que podrían satisfacer al guionista o al escritor más exigente para una película o un tratado acerca del absurdo.
Cuantas veces demagogos, oportunistas y vagos se alinearon tras las banderas de la organización. Enfrentar a la parte administrativa con consignas como: “malos métodos”, “apetitos burgueses”, “falta de confianza en el partido”, “no tener principios guevaristas” y así una enciclopedia infinita de adjetivos. Con tanto discurso y clases de educación política los chicos hicieron suyas las palabras y las reflexiones para fundamentar los más torcidos intereses
Si eras militante del partido pero tu pensamiento permanecía libre y tu capacidad de opinar era superior a las limitaciones del entorno podías tener serios inconvenientes y tu destino ser incierto. Militar en la organización podía beneficiarte solo si tenias la habilidad necesaria para prostituirte hasta limites insoportables y poner convenientemente el pie sobre tu garganta para que ni un leve suspiro pusiera en tela de juicio una lealtad incondicional.
La cuestión cambio cuando se hicieron las empresas mixtas con capitales foráneos y los trabajadores prefirieron guardar la lengua, renunciar a las “conquistas proletarias”, agachar la cabeza y contentarse con las migajas que las empresas vinculadas al área dollar podían darles.
Que paradoja ¿Donde ocultaron la historia del hombre nuevo con la que rompieron las bolas y abusaron de generaciones de jóvenes cubanos? ¿Donde la consiga obligatoria de nuestros hijos al comenzar las clases, todos los días, de todos los años repitiendo como loros: “pioneros por el comunismo seremos como el che”?
Los antiguos próceres del marxismo se convertían nada mas y nada menos en nuevos empresarios, demostrando una habilidad increíble al conjugar la mística de la Revolución, el empleo demagógico del marxismo y un apetito voraz difícil de igualar por cualquier empresario capitalista.
No tienen que responder ante nadie, manejan el poder, manejan la justicia y cada detalle de la vida de la nación tiene que pasar por un filtro muy especial de estos incansables guardianes de la “pureza revolucionaria”.
Dan al trabajador no lo que este reclama sino lo que ellos piensan le pertenece en respuesta a los “beneficios” que recibe. Con los demás integrantes de la sociedad sucede lo mismo, dueños de la información, de los servicios públicos, de manipular falsos comicios electorales y de utilizar la fuerza donde y cuando crean conveniente sin tener que rendir cuentas a nadie.
Perdón, le rinden cuenta a sus propios intereses y eso es de respetar porque al fin podemos comprender el por que de todo el desatino que ha sido la vida en nuestra patria durante todos estos años. Y que esperar de estos prohombres ahora y cuando la naturaleza permita que el ciclo biológico de estos hijos de su madre haya terminado. Entonces una de nuestras preocupaciones será: ¿Que hacer con la nueva generación que se hará cargo de los beneficios acumulados? ¿Usted que piensa?
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