La vio en una de sus visitas al mercado y desde la primera vez quedó impresionado por ella. Se mantuvo distante, no podía hacerse cargo de un nuevo compromiso, las preocupaciones de su vida eran más que suficientes ¿Por que agregar una nueva? Dejó de verla y la olvidó. Su mujer y su hija la conocieron y poco a poco se hicieron amigas sin él saberlo. A tal punto fue la afinidad entre ellas que comenzó a visitar la casa con frecuencia, hasta que su llegada era esperada por todos.
Todos la quisieron-casi todos- era imposible no hacerlo. Lentamente ganó terreno y ocupó un espacio que nadie le había dado. El hombre sucumbió de inmediato bajo el poder de su encanto. ¿Cómo no serlo si la belleza era acompañada por una personalidad avasallante? ¿Cómo no serlo si una sola de sus miradas impedía cualquier rechazo? Sin embargo, tuvo cuidado de ocultar a todos su debilidad, la historia de “hombre duro” de la que estaba orgulloso se había puesto a prueba.
La boca parecía sonreír y el andar delicado y femenino obligaba a seguirla con la vista y que un deseo avasallante por tenerla y acariciar la ampulosidad de sus curvas fuera incontrolable. El hombre la observó sin ser visto y un nombre acudió a su mente-Botero: dijo para si- mientras ella descendía por la escalera de la habitación que daba a al hall de la casa
Comprobó que la habitación estaba vacía. No gustaba ser molestada, deseaba un poco de intimidad y cualquier interrupción seria mal recibida. Escuchó el ladrido de la perra y se alegró que estuviera en el cuarto de los viejos. No se llevaban bien, se soportaban pero la relación no daba para más. Llegar ultima a una casa tenia el inconveniente de las viejas costumbres con las que debía conciliar.
El hombre dudaba aceptarla pese a saber que estaba atrapado. Pasó sin mirar a su lado y se supo vencido. Recordó la primera vez que reparó en ella y sus miradas se encontraron. Quiso nombrarla de algún modo, no pudo, le pareció afrancesada a pesar de sus volúmenes generosos y dejó para mejor momento el bautizo. La historia era su mas preciado secreto, si alguien se enteraba se burlarían de el y no lo permitiría.
Miró a su mujer que en silencio seguía cada uno de sus movimientos esperando impaciente su decisión. Pestañó varias veces al saberse descubierto observándola, se rascó la barbilla como si intentara aclarar su pensamiento y luego de representar el papel de “tipo difícil” aparentó dejarse atrapar por las suplicas de su hija.
Con voz ronca dijo: ¡Esta bien, quedará en la casa, la llamaremos Mimi y no se hablará más del asunto!-dijo con cierto enojo para salvar su autoridad- Las mujeres, luego de salirse con la suya-eso pensaron- se alejaron felices con la hermosa gata en brazos de la niña.
El hombre sonrió cuidando no ser visto. A escondidas, la alimentaba y mimaba desde hace mucho con la ilusión que quedara para siempre.