posted by Guillermo Ferrer on dic 26
Han pasado varias horas. Apenas una pequeñísima porción de eternidad. Un breve destello temporal durante el cual dejé mis pensamientos en libertad. La tarde ha invadido, cautelosa y tímida, conquistado finalmente el dominio del sol. La madreselva y los jazmines se confunden y regalan un único perfume que cautiva todo el lugar. El aroma acaricia mis recuerdos con delicadeza y evita que las imágenes que me vienen a la memoria sean más dolorosas. El suave fresco que se le regala a mi piel sacude mis sentidos que, presurosos, envían su mensaje alertándome y me obligan a que abandone la agradable modorra que me acuna.

Lento y sin prisas regreso de mí andar en el tiempo y un poco sorprendido me encuentro nuevamente en la querida Buenos Aires.
Mi vista recorre los verdes que asombran, las flores, el trajín silencioso de mi hogar, donde disfruto de la tranquilidad y el calor de mi familia. A mi lado, perezosas, dormitan mis mascotas guardando mi reposo
Sin embargo, calladamente, sufro y espero como tantas veces. Extraño a mi Cuba, a mi otra familia lejana, a mis hijos, mis amigos, las calles que vieron pasar mi vida, el ruido del mar cuando acaricia suavemente la arena en la mañana, mis recuerdos.
Trato de escuchar- en mi delirio- que el viento finalmente cumpla su promesa y me entregue presuroso el tañido de campanas que llaman a los hijos dispersos, a los olvidados, los que sin pedir nada lucharan por cambiar la suerte de la Patria.
No dudaré. Sin temor me sumaré al esfuerzo por la renovación y a la concertación por superar las diferencias. Por construir otra posibilidad y que la única definición de política sea la de luchar por el autentico bienestar del pueblo. No importa que tal vez sea mi epílogo, que en ello me juegue la vida que podría marcharse en el simple intento; no importa que mis ojos nunca se sorprendan con lo que tanto he suplicado en silencio.
Estoy convencido que alguien, en algún lugar, quién sabe cuándo ni adónde, se levantará sobre los mediocres, llamará a nuestra puerta y le hablará a nuestro corazón. El verbo alimentará las voluntades y la única respuesta honorable será la acción.
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julio 22nd, 2010 at 10:44
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