posted by Guillermo Ferrer on Jul 1

Se miro al espejo y maldijo en voz alta, no se preocupo por ser escuchado, nadie le prestaba atención desde hacia mucho.

Un epíteto aun mas fuerte resonó a su alrededor cuando recordó la mala idea de apuñalar su retrato. Mira que no seguir los consejos de su terapeuta, no tomo sus medicamentos y el resultado le había sido advertido-No te deprimas, que tienes tendencia al suicidio- le dijo el psicólogo del tomo contiguo al suyo.

No le hizo caso a Freud al enterarse que estaba saliendo con su propia cuñada. Perdió la fe que le tenía y mal le fueron las cosas. Ahora no había vuelta atrás y l rostro le había quedado impresentable. Las brujas de Salem lograron detener el proceso de putrefacción, pero nunca regresarlo a la normalidad. Así que se le ocurrió pedir consejo a otros feos en igual dilema

Su suerte con las mujeres era cosa del pasado, sus amigos al verlo venir lo evitaban y no le ofrecían un café ni mamados, todos gritaban horrorizados al mirar su rostro o se apartaban dejándolo solo-que vida de mierda- cruzo por su mente.- Culpaba de todo al autor del libro, todos sabían que Wilde era marica y las féminas le importaban un carajo.

Aprovecho que la tarde languidecía y la oscuridad de la noche hacia suyo el viejo deposito abandonado. Poco tiempo después los personajes de los libros que aun resistían el asedio de las ratas llenaron el lugar.

Dejo su libro abierto para en caso de emergencia regresar sin contratiempo. La oscuridad seria cómplice de su aventura. Saltó del estante al suelo lleno de polvo y hojas roídas. Se encamino al estante de caoba que estaba cerca de la escalera, repleta con los cacharros abandonados por la familia que nunca volvió por ellos.

Se tropezó con el Fantasma de la Opera que ensayaba un aria de Rigoletto y espero paciente que terminara la vocalización para acercarse. Vio que cerraba la boca medio atragantado con la última nota, no dejo que tomara impulso y le contó el motivo de sus penas. Pero a no ser por algunas palmaditas en la espalda, no saco nada en claro.-los artistas siempre igual, solo piensan en lo suyo-dijo encabronado-sin embargo, este feo esta igual o peor que yo, con la cara de muerto seguro no se empata con nadie. El pensamiento lo tranquilizo.

La figura de Quasimodo le cruzo como un relámpago y quedo enganchado con la idea. La desecho, el tipo era medio boludo- según comentarios de las Trillizas de Belville- y estar detrás de alguien que se la pasa enganchado en las campanas o corriendo por las cornisas de los mas altos edificios no era de su agrado. No iba bien con su condición de gentil hombre-siempre oculto que le daban vértigo las alturas y temía como nadie el ridículo- Para el, subirse en una silla era una proeza equivalente a escalar el Everst.

Continuó hasta el siguiente estante, donde las ratas se daban un festín e intento hablar con el famoso hijo de Mary Shelly. Los condenados bichos se habían comido la pagina donde Franki-como le decían los íntimos- cobraba vida. Observó con desagrado a los roedores que continuaron en la suya sin reparar en la feroz mirada de Dorian.

Contrariado, fue pateando restos de hojas y los excrementos de las ratas que le impedían el paso, meditaba- ¿Qué hacer?- Horas de búsqueda inútil lo llevaron hasta un libro milagrosamente bien conservado. Trato de ver el titulo, se paro en puntas de pie y apareció en letras doradas: “El Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda”.

Sus ojos brillaron y salto de alegría al comprender que su suerte había cambiado-Coño-exclamo, al recordar que Merlín tenía fama de resolver cualquier problema y entre mas complicado, mejor.

Tomo impulso y fue a dar a la parte central del libro. Quiso su suerte que diera con Merlyn en plena faena. El mago estaba enamorado de una de las damas de compañía de la reina y preparaba una infusión para conquistarla.

El viejo entretenido no se percato de la llegada de Dorian a su página.

Al girar por un tubo de ensayo quedo mudo al ver la horrible cosa que lo miraba, además estaba seguro que no pertenecía al libro, entonces: ¿Qué carajo hace aquí? Retrocedió en silencio buscando una masa de combate, pero los ojos que lo miraban desde aquel horror suplicaban ayuda. Se detuvo y esperó mas tranquilo.

Dorian se arrodillo ante Merlyn.  Contó que hacia décadas, desde que el libro fue publicado que no tenia sexo, las mujeres lo evitaban, no podía seguir así, estaba desesperado. Las lágrimas corrían a raudales por las protuberancias mientras los feos labios pedían ayuda.

En un libro cercano-en el estante de las revistas de la farándula- una foto de Marilyn, con las piernas entreabiertas ofrecía un paisaje capaz de animar al más ortodoxo de los monjes tibetanos. Dorian la observo sonriente. Puso las manos en el cuello de Merlyn y le suplico que lo transformara para verse entre las piernas de aquella mujer.

El mago, ya viejo, con falta de memoria por el alzheimer, olvido ponerse los lentes al tomar el libro de magia que de buena onda le regalo su maestro Necrom y recito confundiendo las líneas las palabras mágicas para el hechizo que el desgraciado Dorian pedía.

Una explosión asusto a todos en el sótano y una humareda picante casi asfixia a las ratas que despavoridas se refugiaron en los desagües. Todos corrieron a sus libros, la rubia asustada gritaba histérica preguntando -¿Quién le había puesto el algodón parlante entre las piernas?- mientras Dorian, ya cumplido su deseo, no paraba de maldecir el error del mago sin descanso

2 Comments to “Deseo Cumplido.”

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