posted by Guillermo Ferrer on nov 28
Cientos de años que había llegado, gozaba el privilegio de ser el primero del ilustre trio. En la Tierra reverenciaban sus ideas a pesar del tiempo transcurrido. El maleficio no desaparecerá mientras los hombres los recuerden, utilicen sus ideas y sean referentes en los tratados de los eruditos.

Tsu-Tsu acarició su barba y acomodó las posaderas como pudo en el caldero de aceite preparado por el diligente demonio gordo encargado de atenderlos. Pensó en el italiano y soltó un fuerte resoplido. No le agradaba su estilo, la manera desaforada de hablar, sus gritos, las manos en eterno movimiento, el gesticular innecesario y sobre todo, le enfermaba el corte de manga. Suspiró, tenia que sobrellevar la situación, era parte de su castigo y nada podía hacer al respecto.