posted by Guillermo Ferrer on jul 13
Juan dormitaba en la camioneta, a su lado los listados y los planos de las plazoletas descansaban confundidos. La radio dejaba escuchar las voces de los controladores y maquinistas enfrascados en su trabajo. Estacionó bajo un poste del alumbrado, la intensa luz se reflejaba en la blanca pintura y podía ser visto a distancia. Por si acaso, la baliza también señalaba su presencia. La precaución era necesaria, el relevo de los camioneros casi no existía y después de tantas horas de trabajo continuado, algún conductor agotado o medio dormido podía perder el control y ambos despertarían en la camilla de algún hospital cercano en el mejor de los casos.

La faena comenzó temprano en la mañana de ese Domingo, hoy trabajarían doce horas permitiendo descansar a uno de los tres grupos que rotaban su horario semanalmente. La mala noticia era que el personal “fuera de convenio” no cobraba un centavo por la carga de trabajo extra.
Por el numero de Líneas Marítimas que había tomado la Terminal como punto de transferencia, la cantidad de movimientos de contenedores (teus) iba mas allá de las posibilidades del equipamiento, de los recursos humanos y de la superficie que disponían, pero todo esto era un pequeño detalle sin importancia comparado con el volumen que llegarían a mover y los dividendos que se producirían.
