
Me miró fijo a los ojos; los suyos eran penetrantes, pero tristes. Y nunca antes había yo visto ojos tristes brillar detrás de una generosa sonrisa.
La puerta de mi camión permanecía abierta. Para él la abrí. ¿No temes, hermano que te ensucie el auto? …estoy tan andrajoso!…
¿No estamos esperándole, el asiento y yo?
Por aquella carretera transitaban muchos autos, todo tipo de vehículos; desde lujosos coches convertibles hasta camiones de las más onerosas de las cargas. Pero nadie paraba. Al fin y al cabo, ¿por y para quién detenerse? la distancia hasta el próximo poblado es mucha, la necesidad comercial de cumplir ciertos itinerarios, la insensibilidad a lo que en nuestro pasajero entorno vemos y, hasta el riesgo de sufrir un asalto a que se expone uno por esos caminos de dios…no; a cada quien con su propia carga. (más…)

Por alguna curiosa fórmula de las historias de los pueblos, de los rincones más inesperados y de los corazones de las familias mas humildes y ajenas a lo que a sus alrededores sucede, parece que el destino juega al feminismo primitivo, y pone una joven mujer en los brazos de un hombre en el camino de la gloria. Así, Eva, Magdalena, Pocahontas, y otras muchas más.
Cuando el explorador danés comenzó su vida por los hielos del eje del planeta, poco podía haber imaginado que al mismo tiempo que descubría montañas y fiordos helados había de encontrar el amor en la forma de una pequeña mujercita color de aceituna madura, envuelta en una piel de oso gris y rojo.
Mucho menos iba Mekapukaluk, una joven esquimal hija y descendiente de una de esas tribus que partiendo de zonas que hoy son parte del Canadá, invadían las costas del noroeste de la Groenlandia y atacaban a los otros nativos de las áreas en sangrientos encuentros y crueles guerras étnicas…
Mucho de esos capítulos de la historia que nadie se atreve o quiere hoy mencionar. (más…)