LA MUERTE DE UNA ABEJA
Por Gilberto Rodriguez

Cayó sobre una loza color terracota del piso de el corredor que lleva desde la portada de la reja a las puertas de la sala y la oficina. Boca arriba cayó, delante de mi, apenas a una vara de distancia de mis pies. Yo la vi caer desde la parte alta de una orquidea colgante al húmedo piso. Sus alitas revoloteaban agitadamente y sus patitas se recogian y estiraban a gran velocidad, como quien lucha por ganar su última batalla, y en consecuencia se paraba, daba volteretas, se caia y de nuevo y venia a dar bocas arriba. La atmosfera iba aparentemente absorbiendo el agua y la humedad desaparecia de las lozas a pasos agigantados, pero los tejidos de sus alitas mojados se adherian una y otra vez de espaldas a la superficie del piso.
Como cada amanecer, yo volvia hacia dentro de la casa después de haber regado el jardin y recojido en Diario de la Mañana, cuando la pobre abejita caia ante mis ojos envuelta en una fiera lucha por sostenerse en vuelo, primero, y levantarse después de caida (o caido, que yo no se si era del otro genero). Curioso que soy me agaché alli mismo y comencé a observar al desdichado animalito luchar por su existencia. Siempre he admirado a seriamente a todos aquellos que tratan, que luchan, que no se rinden al primer tropiezo… y este animalito era uno de esos.
