El Liendras
Por Gilberto F. Rodriguez

Su agrandada barriguita saludaba antes de llegar a la esquina; en el dedo gordo llevaba una herida en su piecito derecho que alimentaba a una colmena de moscas que se deleitaban en su alrededor, a lo que contribuia sin el menor esfuerzo Capitán. Aquel pobre perro cargado de peladuras y razgones por sobre todo su cuerpo, era su amigo y compañero desde siempre, acurrucado en una bola o, mejor, convertido en un aro horizontal, lo esperaba a cada amanecer cerca de la puerta del desvencijado casucho de palma cana que les servia de hogar al “Liendras” y sus padres. El pobre animal no podia acercarse a la casa. Y si lo hacia solo lograba que el padre le diera un par de patadas por la barriga: “Anda, perro sasnoso, lárgate de aqui….” “Liendras, Liendras, muchacho, ¿cuantas veces te voy a tener que decir que no me traigas a ese cochino animal a la casa?”… Y seguia: “…¿Tu no ves que lo único que hace es comerse los mojones que cagan las gentes por ahi, por el platanar?”