23 mayo 2009

A la deriva

> General,Narrativa — admin @ 1:42

Las olas se estrellaban contra el costado de estribor, lanzando salpicaduras a nuestros ojos y chorro tras chorro del salino liquido al interior de la cabina. El mástil se sacudía libre de carga como los potros cerreros cuando juguetean en las montañas rocallosas. El último jirón de la telas se abría paso a tropezones entre cresta de ola y bocanada de tormenta. El bote corría de costado, manipulado a gusto por las ondas descaradas…al garete.

La pala del timón flotaba y se me reía burlona a unos pocos metros de la borda. Una carcajada de las aguas le había arrancado de sus soportes y ahora le mecía como a diosa en hamaca de mullidas cuerdas. Un remo era mi medio único de propulsión ahora, como si el espíritu de Saint Elmo quisiera robarme todas las pocas energías que me quedaban para usarlas en la noche como lumbre a su supuestamente maldita luz de los mares.
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22 mayo 2009

Dos cubanos en el Polo Norte

> General,Narrativa — admin @ 19:27

Hace unos días leí estos contornos isabelinos, entre menciones de los barcos que a través de los años visitaron el Puerto de La Isabela, la mención que se hacia de los barcos Noruegos de la Compañía ¨Nortraship¨, organismo creado por el reino de Noruega para coordinar todos los buques de bandera noruega bajo una sola dirección para servir a la Patria durante la Segunda Guerra Mundial. En uno de esos barcos tuve yo el honor de servir, era el “Bruch”. Esta nave llevaba el nombre del celebre compositor alemán, Bruch.

Algún tiempo después de yo estar navegando entre Cuba y puertos americanos transportando azúcar crudo cubano, Armando Hernández, de la familia que tenia el ¨Tren de Bicicletas¨ en la Calle Calixto García, al lado de la Talabartería ¨El Potro Criollo¨, en Sagua la Grande, se une a la tripulación en calidad de camarero. Durante esa travesía nos cruzamos, frente a West Palm Beach, con el barco cubano que tanto hizo y que había de insertarse en la historia, naval de esa guerra, El Camagüey.

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19 mayo 2009

Hoy 19 de Mayo

> General,Pensamientos — admin @ 19:44

Hoy, 19 de mayo, recordamos los cubanos la muerte de nuestro Apóstol, José Martí Pérez.

Hoy recuerdo yo el primer juicio revolucionario contra mi, en 1962, en La Fortaleza de La Cabaña.

Mañana, 20 de Mayo, celebramos los cubanos el Dia de 1902, Dia de La Independencia de Cuba.

Yo, por mi parte recuerdo ese mismo dia, a 60 años de El Dia de La Independencia de la República de Cuba, en 1962, al amanecer me fusilaron.

Mis dias de recuerdos hoy y mañana, por consiguiente, y pese a que estoy aún aqui contando la historia, son un poco pesados sobre las alas de corazón…

….por que, si fuerte es el conjunto de emociones que mis experiencias despiertan y alientan, mucho mas doloroso y cruel es haber salvado la vida y llegar hasta aquí mirando a mis lados en busca del amigo que sí, fué fusilado…

…de los hijos que por los campos y los pueblos sin padres quedaron y de las madres cuyos retoños, aún en tierna flor, por el jardinero maldito fueron tronchados.

Son jalones de la historia que llenan caminos y veredas con cenizas del álmas puras y  fertilizan las tierras de Cuba con la sangre mas pura en los surcos derramada.

Don Gilberto

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ESA NOCHE AL PAREDON

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Cuando los milicianos terminaron de amarrarlo al poste del los martirios, el
Teniente jefe del pelotón vino a vendarle los ojos con cochino trapo negro
bastante ensangrentado. “No, no me tapes los ojos, prefiero verles las
caras de miedo que van a poner mis verdugos.”
-”¡Já! – Ya me dicían que ust-era güeso duro’epelá; pero no se preocupe, que
aqui tenemo candela pa-tó…”  Dándose media vuela miró hacia donde estaban
formados ahora en piquete los miembros del pelotón de fusileros y, como
para no perder “cara” ante ellos, proclamó en voz alta, pero no muy
convencida: “Bamo’a-bel cuanto le dura el traje de guapo a este traidor,
porque aquí el único guapo que hay es mangui; yo mimitico, …el amansa-guapo
soy yo, que se loj palto al maj-pinto’elapaloma…”  Y a su diatriba siguieron
otros.

Y otros, hasta una treintena de espumosas bocas de secuaces que agazapados
en la oscuridad y con la protección de sus fusiles asistían cada noche al
macabro espectáculo de matar a sus conciudadanos por el solo hecho de no
pensar como “el máximo líder”. Y ahí estaba, atado a una estaca maldita, con
sus espalda para el macabro paredón de El Foso de los Laureles, donde pueden
verse las perforaciones de balas ensangrentadas por las heridas de los más
nobles hijos De Cuba por poco más de un siglo de luchas por la libertad.
Aquellos míseros alabarderos eran hasta cierto un punto más mezquinos que los del
circo romano, porque los romanos mataban a sus enemigos, y los fidelistas
matan a sus propios hermanos. A los mejores, a los que dan sus vidas por
hacerlos libres a ellos mismos; a esos matan.

“Traidor, espía,  asesino; llama a tu dios yankee ahora… a ver si te
salva.”

Los gritos hendía la oscuridad de la noche robándole los pocos momentos de
sueño que los otros miles de condenados podían conseguir hacinados allá
arriba, en las cavernosas galeras, cuerpos rozando cuerpos, como sardinas en
lata, o como sacos de cal viva almacenados allá en la mina maldita del fondo
del infierno.
La noche se hacía lenta y breve a la vez. El jefe del pelotón era
analfabeto, duro y cruel, pero, tal vez por esa misma razón tenía una
capacidad rayan en lo religioso de fidelidad a su “amo”.  Iracundo, se
paseaba, ora por delante, ora por detrás de los siete desarrapados fusileros
que permanecían como estatuas de barro en espera de apretar sus herrumbrosos
gatillos. Herman Marks, ese delincuente norteamericano que luciendo grados
de Capitán que le diera el Che Guevara en La Sierra había entrenado a estos
hombres en el arte de matar, no fusilar. “Tu tirar la cabesa, tu la pecho;
el, muerto.”

“No sé polque tengo quejperal, a ejte peje hay que pelál-lo ya, diuna be pol
toa.”
“Ta-bueno ya; mátenlo ya diuna be y san se acabó.”

“Eso digo, compañero; pero el comandante quiere bel-lo caél, El mijmitico,
ahí, con suj propio-jojos…ansína qui hay
queejperal.”

Al oir al teniente decir que el máximo comandante venia personalmente a ver
este fusilamiento, los buitres y testaferros sorprendidos por la noticia se
llenaron de esa alegría fría y maligna que lleva en sus corazones la manada
de hienas al atrapar un cabrito. Buena oportunidad para mostrarle al tirano
su lealtad y devoción y la espera se hizo alegre anticipación; el show
demora, pero será mejor porque tendrá su estrella.  Y mientras tanto el
impasible repello de las murallas seguía calladamente el grotesco ir y venir
de los cigarrillos medio encendidos y los repetidos vejámenes, adolorido tal
vez por los millares de ensangrentadas balas que, incrustadas en sus
adoquines y ladrillos guardaban hermanadas tantas y tantas últimas voluntades
y retazos de pensamientos que no llegaron nunca a ser expresados porque las
descargas los truncaron. Lanzas en el costillar de Jesús, cantos la
Libertad…

Mientras que en los pechos latían y latían, casi al unísono ya, los
corazones de víctima y victimarios, porque hay un momento en que cuando la
vida y la muerte se juntan dentro del mismo espacio, como cuando se cuecen
los muchos ingredientes, aun sin perder su individualidad, desde la misma
olla, todos se convierten en una sola cena. Cena macabra de la tiranía;
homenaje de honor al patriota que muere por libertad. Sentaos a la mesa
hermanos, que el banquete de La Patria Libre va servir al cielo un cordero.

La brisa entraba del mar alegre y juguetona regándole la larga y encrespada
melena a uno de los fusileros cargado de collares religiosos que le dieran
las madres por los caminos de La Sierra cuando los creían hombres buenos y
amantes de la libertad, que se adormitaba recostado al tubo de su fusil,
dando alardosos tumbos al vaivén.
El hombre atado a la estaca esperando que lo mataran, precisamente con aquel
sucio y herrumbroso fusil, no pudo menos que sentir pena por el melenudo
miliciano que, de puro cansancio y sueño apenas poda sostenerse sobre sus
pies. “Tírate en el suelo y duerme, muchacho, que tu jefe tarda.”

“Ujté se calla, aquí el único que da óldenes soy yo…asis-que-ya-lo-sabe.”
“,,,pa eso soy yo el teniente. Y usteés, el que se me duerma, lo fusilo
junto con el traidor ese” Grito el teniente.

El miliciano  se irguió como movido por un resorte movido por el miedo.
El reo lo contempló un instante.  “Pobre muchacho…”

La recholata de los alabarderos  seguía, pero ya sin la fuerza agresiva ni
la virulencia del principio. Las horas se hacían lentas y la suave brisa que
venía del mar comenzaba a operar como sutil hipnótico por demás inesperado
por hombres de tierra adentro, y su efecto, poco a poco, a paso de luna
rezagada iba agregando peso a las absurdas cabezas de los allí reunidos.
Momentos estos en que era el futuro muerto quien mejor parecía entender que
sus verdugos se olvidaban del.  Y su mente recorría senderos de luz, vida
y esencia humana que apenas si sus ejecutores pudieran entender…si alguien
se los explicara.

Dicen que unos segundos antes de morir el viajero que va rumbo a lo
eterno, siempre ve, por un instante, toda su vida, todo aquello que ha
vivido, pasarle como en el cine, por delante de sus ojos. Yo no sé cual
muerto fue el que lo dijo; ni cuando lo dijo, pero se dice.

 Pero, allí, de pié, descalzo y semidesnudo, esperando la llegada del tirano
para verse matar,
aquel hombre vio pasar ante sus ojos, con la misma precisión y claridad con
que se ve una película, un pedazo de vidas ajenas empujadas por las olas de Atlántico hasta las playas isabelinas.  Habían navegado por la boca del
Rio Sagua hasta La Punta de La Legua, un punto que está más allá de la
Pasita, que es donde se pesca diariamente el boquerón con las tarrayas para
carnada de los pescadores isabelinos. Pasando La Punta de la Legua vienen
Las Playuelas, que es donde más carboneros vivían, pues habían pedazos de
tierra firme. Los recién inmigrados vivían una especie de rapsodia negra a
ritmo de silencios y solitudes voluntarias. Todo envuelto por uno como velo
negro y color tabaco, pieles oscuras, morunas, vivían abordo de un feísimo
bongo negro de chapapote; curioso recuerdo de la niñez lejana ya.

Corría el año 1929 o 30, cuando esta extraña familia que hablaba un español
muy raro y decía venir de las Islas Canarias, aunque más bien parecían
elementos de territorios su Sahareños se componía de un matrimonio con dos
hijos mozuelos y una chica de unos diez años.  Vivian abordo de aquel
horrendo bongo africano, que no tenia techo, y se posaron en un lejano y
solitario rincón del rio donde solo podían ser vistos por los remolcadores
que pasaban tirando las patanas y los contrabandistas de ron que a veces le
negociaban carbón por licor. Cortaban leña y hacían carbón al par que muchos
isabelinos, pero a hurtadillas en manigua más inhóspita del rio.  Cuando
sacaban su carbón se lo vendían a Antonio Alemán que tenía su negocio más
allá del Matadero, por la boca del rio, compraban comestibles y se
marchaban a su hueco de silencio y solitud. Hablaban poco o nada y no hacían
amistades, a pesar de los muchos vecinos curiosos e interesados,

El reo, fijos los ojos en sus somnolientos futuros ejecutores, de pronto se
dio cuenta de que nunca, a pesar de verlos muchas veces al pasar, sintió,
como muchos otros, interés alguno por aquellos extraños vecinos. A tal
extremo de ni siquiera poder recordarlos desde hacía casi la mitad de su
vida, Desde muy chico. Y hete aquí que de pie frente al pelotón de
verdugos, esperando la muerte, este olvidado jirón de sus historia es el
primer recuerdo que surge a la mente obedeciendo al llamado de lo que fue…

Una vez, en la tienda de víveres de los Almacenes de García Beltrán,
preguntado por Tommy El Americano, se le oyó decir que se llamaba José María
Calcañote.  Gigantesco que era, su piel color decían era de cedro maduro,
andar lento y tosca catadura, nunca hablaba de su familia, ni nunca se les
vieron andar a otro lugar que no fuera al corte de monte y al horno de carbón,
prisioneros, voluntarios o no, de sus propio destino tal vez. Como Antonio
Alemán (¿Recuerdas lector, a “Los Chivos?”), digo, les compraba lo poco que
quemaban, raramente necesitaban alejarse mucho de su entorno, ni acercarse a
los vecinos. Aquel negro bongo que, aunque mayor tenia la mejor apariencia
de un sarcófago flotante salido de una de esas películas de ciencia ficción
que todavía no se había filmado.

Y así las horas pasaron, y llegó la mañana.

Los malditos alabarderos, aunque doblemente frustrados porque no habían
podido disfrutar el asesinato y mas, porque el máximo líder no les hizo el
honor de su presencia, ya no tenían muchas más fuerzas para gritar e
insultar al condenado, pero aun así, de vez en cuando le lanzaban asquerosos
escupitajos.  Los tres milicianos, verdugos negros dormían recostados contra
la pared opuesta, o sea, la de frente al paredón, mientras que el rubio, el
de la melena larga y el rifle herrumbroso, abrazado a su fusil roncaba a
tambor batiente sobre los adoquines del pavimento.  Los otros tres, que eran
siete en total, y que eran blancos, también dormían pero sentados en el
empedrado suelo, las cabezas entre las rodillas y los brazos envueltos en
las correas de sus mortíferos instrumentos. Solo el ovejuno teniente
ejecutor, al tiempo que, como todo cobarde maldiciente, seguía paseándose
de una lado para el otro tratando de justificar la ausencia de su “marsimo
lide”.

“…que no quiere el hombre que se fusile a nadie de día; porque de dia la
gente se entera…” -se le oyó decir a un sicario.

Y así es como el isleño Calcañote, desde el fondo de su negro bongo,
fondeado allá en La Punta de la Legua, recodo favorito de los pescadores de
robalo y curbinos, de nuestro hermoso Rio Sagua, El Bello Undoso de las
historias, sin saberlo, ayudó a este isabelino a navegar por el mar de la
muerte y escapar del Rubicón.

Gilberto F. Rodriguez

14 mayo 2009

Madre

> General,Poesía — admin @ 20:44

Campo fértil de cultivo ajeno.
Tierra donde la simiente ajena es plantada.
Lluvia de placeres repartidos
a costa del propio dolor.
Silenciosa cómplice de nuestros secretos,
ama de las llaves de las puertas del templo
del perdón inagotable.
Templo de esperanzas y fuente de futuros.
Faro en la tormenta y casino en los festejos.
Hembra, niña, novia, esposa, amante;
hermana, abuela, amiga,… (más…)

Adios a mi

> General,Narrativa — admin @ 1:32

Las blancas arenas de la playa relucían bajo el sol de la tarde allí, desde el fin del muelle extendiéndose a la distancia hacia el este de la bahía. Y a todo lo largo de esa distancia se alineaban los residentes del barrio de La Punta, confín y final del pueblito y puerto, hogar y vida de los pobladores de aquella maravillosa isla de coral. Nuestro barco había permanecido en puerto más de una semana cargando azúcar, licores y muchos artículos de alfarería traídos de las ciudades cercanas.

Nosotros, los tripulantes de aquél barco éramos hombres venidos de muchas latitudes distintas, unidos solamente por la relación del empleo que, las mas de las veces, no nos entendíamos como no fuera por ese vocabulario babeliano que suele desarrollarse entre los hombres del mar y los portuarios de ciertas partes del mundo, como por ejemplo, – si se me permite la digresión, – la Lingua Franca del Mediterráneo, El Papiamento de Curazao y Aruba, o el Lunfardo del Mar Del Plata, etc.- habíamos muchos trabado algunas amigables conversaciones con varios de los vecinos del lugar. Por consiguiente y, siguiendo las tradiciones, las costumbres y a menudo la única forma de distracción ajena al diario bregar que había allí, se alineaban a lo largo de la playa, siguiendo todo el litoral hasta su fin, en una como multitudinaria despedida al amigo que se aleja, al aventurero que echa manos a su manta y al Quijote que monta su Rocinante.

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12 mayo 2009

Nieblas hay

> General,Poesía — admin @ 11:11

“Nieblas del Riachuelo” es un bello tango argentino.

Por los mares del mundo he visto nieblas
y en este puerto en que estoy anclado
también las veo alguna vez, como ayer mismo.
Más, las más “oscuras” nieblas
son las nieblas blancas del Polo Norte,
donde en la extrema blancura me he visto sin luz,
desaparecer las manos puestas delante de mis ojos. (más…)