YO NO CONOCI A McCain
Junio 9th, 2009En el amor todo se vale, solía decir mi abuelita cuando comenzaron a inflamarse mis tetillas. En la guerra y la política todo se vale, dijo varias veces mi abuelo cuando me vio vestido de uniforme y comenzaba a rasurarme. El fin justifica los medios, repiten expertos de todas las materias, tratan de demostrar turbias acciones realizadas por el hombre.

Accidentalmente encuentro un artículo escrito por el señor Víctor Joaquín Ortega, tiene fecha Noviembre 1º del 2008, nos encontramos en la antesala de las elecciones de Estados Unidos.
Me detengo, retrocedo, busco y encuentro, hace referencia a una entrevista realizada. Un nombre me obliga a indagar, un mal recuerdo se teje en torno al entrevistado. Me embarco de nuevo en aquellas naves de la marina mercante donde gasté parte de mi vida, veo su fotografía y no hay espacio a las dudas, es él.
Arquímedes Montalbán Sabina rompe la bruma que impone el tiempo y logra escapar unos segundos del silencio, lo creía muerto.
Leo despacio tratando de digerir cada palabra, frase, párrafo, consumo repetidamente lo que una vez fue noticia del día y hoy es agua corrida. Cambio de geografía intencionalmente, trato de estudiarla desde diferentes posiciones. Leo sentado en el muro del malecón de La Habana, vuelvo la hoja y me encuentro en Montreal. ¿Qué dijo este señor? Tal vez, no es muy seguro, lo haya comprendido mientras una larga pitada anunciaba la salida de un barco. Salto nuevamente, a mis pies descansa una inmensa ciudad, Mount Royal puede ser un digno escenario a mis discrepancias. ¿Quién es él? ¿Víctor Joaquín o Montalbán? No, me refiero al autor del artículo, no al entrevistado. Busco información sobre esa persona por Internet y me encuentro ante un personaje solo comparable con el lobo feroz de la Caperucita, pero engalanado de ovejita. ¿Tantos años ocupando los mismos puestos en los diarios Juventud Rebelde y Tribuna de La Habana? ¡Hummm..! Sobran razones para desconfiar, no es fácil sobrevivir en un medio que produce tantos mártires dentro de sus filas.
El señor Víctor Joaquín se propuso o le impusieron, hacer campaña en contra de los republicanos. ¡Vaya oportunidad que puso la divina providencia en sus manos! Buscó entre sus notas y encontró el nombre de McCain, y si no estaba lo agregó, ¿quién pudiera desmentirlo? Hurgó afanosamente en el baúl donde conserva sus valiosas joyas y halló otro nombre, Arquímedes Montalbán. Ahora, solo restaba tratar de localizarlo, saber si aún estaba vivo, tarea que resulta fácil en un país donde los controles llevados por los pastores sobre sus ovejas son férreos. Es necesario armar el muñeco que sumará un mérito más a su amplio expediente como comunicador o comisario político de las masas, conocidos en la isla como periodistas, pensó y se dedicó por entero a tallar su obra.
No puede ocultarse las exquisitas habilidades que posee en ese arte tan expandido de la manipulación. Víctor Joaquín acude a viejos ardides literarios para darle un sentido romántico y humanista al fin que persigue. Apela al fallecimiento de la madre de Montalbán para ir preparando al lector hacia el destino que ya él le tiene trazado y este hijo, colabora gustoso desempolvando el recuerdo “revolucionario” de su progenitora. Utiliza también como recurso, la fabricación de un héroe que nunca existió y comete fallas por omisión que, no pueden ser detectadas por un lector preocupado entre otras cosas por conservar ese papel y utilizarlo después de la evacuación diaria de su organismo. Logra definitivamente influenciar en los sentimientos humanos, y el lector, sin darse cuenta, coincide con las insinuaciones del comisario político con funciones de periodista. Los yanquis le mataron la vieja a Montalbán, exclamaron muchos y el hijo acepta complacido ese gesto de solidaridad. Mares son sus ojos, escribió para darle un toque poético al artículo.
¿Qué hacia Montalbán en Viet Nam en plena guerra? No se encontraba allí por su ambición en convertirse en héroe, y es precisamente este detalle una de las omisiones a las que hago referencia. El héroe aparece treinta y seis años después en el Tribuna de La Habana y es fabricado por este supuesto periodista. ¿Por qué, no expresaron ambos, periodista y entrevistado, dos tripulaciones cubanas quedaron atrapadas en el puerto de Haiphong durante un año por caprichos del comandante? Uno y otro tienen miedo y nunca responderán esa pregunta, no pretendan entonces vendernos un héroe más, ya hay demasiados.
Yo estuve en Viet Nam antes que él, y por supuesto, estuve en contra de esa y todas las guerras posteriores. Periodista y entrevistado coinciden al final del camino en el objetivo que persiguen, acusar a McCain de asesino. Solo importa acusarlo a él y que cargue con el peso de todos los muertos de aquella guerra, es imprescindible a los intereses del gobierno cubano. Al parecer, las omisiones peligrosas de este comisario nos conducen a una sola conclusión, hay asesinos buenos y asesinos malos. Si McCain era el criminal que ambos presentan en ese trabajo, no se puede ocultar que los pilotos cubanos que bombardearon aldeas desamparadas de Angola lo eran también, pero en este caso pertenecen al grupo de asesinos buenos. Los pilotos cubanos que ametrallaban a indefensas balsas, califican también como criminales buenos, pero en ambos casos no se mencionan porque ninguno aspiraba a la presidencia de los Estados Unidos.
Continué leyendo y sentí deseos de vomitar. Seis meses han transcurrido desde que fuera escrito ese mamotreto, pero el sentimiento de rechazo es fresco. Busco más información sobre ese individuo y lo encuentro formando parte de esa corte de censores que tanto daño le han causado a nuestro pueblo. Integra ese maldito equipo que pudiera considerarse como los verdaderos autores intelectuales de la revolución. Montalbán dice que conoció a McCain, yo no, me conformo con haberlo conocido a él. Para desgracia suya, nunca calculó que ese artículo llegara a mis manos, esta es una de las bondades que nos ofrece el acceso libre a Internet, derecho negado a nuestro pueblo. Para desgracia suya manifiesto, porque no podía permanecer callado ante tanta infamia, mentiras y manipulación. Yo no conocí a McCain, pero le dediqué todo un relato a Montalbán hace un tiempo. Es la historia de uno de mis peores viajes en la marina mercante y lleva como titulo “Mandado a matar”. Todas las virtudes y méritos mencionadas en ese artículo se contradicen con la verdadera personalidad de este infeliz al que consideraba muerto. Pueden encontrarlo en la siguiente dirección: http://www.conexioncubana.net/blogs/escorado/?p=68
El fin justifica los medios, repiten expertos de todas las materias, tratan de justificar turbias acciones realizadas por el hombre. ¿Habrán creído los lectores de ese periódico que se encontraban en presencia de un héroe? Es probable que sí.
Les adjunto el mencionado artículo:
“Yo conocí a McCain”, por Víctor Joaquín Ortega
Tribuna de La Habana, 01/11/2008.- Venga a conversar con este hombre que, durante una conferencia de prensa efectuada en Haiphong en 1972, tradujo palabras de John McCain, el actual aspirante a presidente de EE.UU. por los republicanos. Aunque, antes, vamos a montar en la máquina del tiempo.
El papel que le trae la noticia es un río revuelto entre sus manos. Mares son sus ojos. “Pero si mi vieja estaba entera cuando la visité en Camagüey antes de venir para Vietnam…” Las olas, el cielo, las aves. Aúlla la alarma. Los Phantom manchan el aire. Cómo van a respetar el dolor de Arquímedes Montalbán Sabina, marino cubano de la motonave El Jigüe si “… los yanquis nunca han respetado nada, ¡nada!, escúchalo bien, periodista, y ponlo ahí”.
El cable de la empresa le llegó el domingo 23 de julio. “Me comunicaba que mi madre había muerto el 11. No he recibido ninguna noticia oficial sobre cómo murió, pero por lo que me hizo saber por carta un compañero, estimo que ella sufrió un colapso. Padecía de los nervios y del corazón, y con las noticias que le llegaban, figúrate…”.
Gracias a la magia de los recuerdos, he retornado a mi primer encuentro con Arquímedes, el 2 de septiembre de 1972, y, usted me acompaña, 36 años después, a una charla en la casa de este agramontino que reside en Playa.
Jamás he podido olvidar su respuesta a ese golpe. Se negó a regresar y era uno de los más conscientes allí. Traté de llevar al lector cerca de él: “Obsérvelo. Lo afirma con sus labores de agregado de cubierta, su entrenamiento con pesas, su auxilio eficaz, en las aulas, a los que saben menos. Si se topa con él durante una guardia de madrugada, le mostrará las estrellas y le enseñará sus nombres, poetizará sobre la situación y le contará decenas de anécdotas de su provincia natal.
Rememoro lo que me dijo en aquellos momentos: “Mi madre era revolucionaria y me educó en el amor a la libertad desde pequeño. Mantenerme firme en Vietnam es la mejor manera de recordarla”.
Declaró entonces: “El 10 de mayo atacaron con todos los hierros a Haiphong. Los aviones nublaron el cielo; usan rayos láser para tener mejor puntería y no errar con sus objetivos estratégicos: escuelas, viviendas, hospitales, comedores obreros… El do-mingo último, presencié un ataque naval. Sentí las primeras explosiones y vi las llamaradas. El barco se movió por los efectos de la onda expansiva”.
Conoce la Historia –fue profesor de esta asignatura– no solo por textos. Ha vivido su parte. Luchó contra el batistato desde las filas del 26 de Julio; exiliado en México y los Estados Unidos. “Aunque estuve en el Norte y sufrí la forma de pensar preponderante allá, su forma de discriminar, su forma de explotar porque fui un obrero allí, hay un aspecto del imperialismo que conocí mejor en Vietnam: la crueldad que desarrolla si persigue algún fin”.
El hoy capitán retirado de nuestra Marina Mercante fue intérprete de inglés en Haiphong. “En esos días, estuve muy junto al pueblo vietnamita. Bajo los bombardeos, dentro de los refugios, fui testigo de sus sentimientos, de su posición in-claudicable. Hubo noches que eran alarma tras alarma y muerte tras muerte. Ni hablar de dormir”.
Diciembre de 1972. “Servía de traductor a varios reporteros cubanos en una rueda de prensa en la que presentarían a varios pilotos prisioneros de guerra que habían sido derribados en medio de sus fechorías. Entre el auditorio estaban el general Taylor, la cantante Joan Báez, un representante de la minoría chicana… Varios de aquellos genocidas –eso eran dichos pilotos– responden algunas preguntas, ninguno se queja del trato recibido; al contrario, lo ponderan”.
A un joven, con el brazo en cabestrillo, vendado por otras partes, le toca el turno. La artillería del pueblo lo cazó; aunque herido, salvó la vida, respetada por sus captores a pesar de que la carga terrible de su aparato hizo daño. “Era John McCain, traduje al español lo que expresaba: agradeció a las autoridades vietnamitas las atenciones tenidas con él y la labor de los médicos para curarlo de la lesiones. Y ese asesino que participó en el lanzamiento de bombas contra instalaciones civiles, hoy aspira a ser presidente de su país; todo un asesino, sí señor”.
Entradas relacionadas :
- POR FIN SE ACABARON LAS PUTAS ELECCIONESYa era hora, bastante nos torturaron con ese espectáculo de boberías, mucho peor ...
- Hay que crucificar al Vicario Carlos Manuel CéspedesMe he pasado toda la tarde buscando información sobre aquella entrevista, yo sé que escribí u ...
- INGRID STORGEN: DE UN CERDO A UNA CERDA.No tenía ideas sobre existencia de esta prostituta política argentina hasta hoy que me llegó s ...
- MEXICO CONSTRUYE SU MURALLA ANTICUBANAEl gobierno del presidente Calderón acaba de firmar un deplorable tratado emigratorio con su ...
- YOANI SÁNCHEZ… ¡PREPAREN, APUNTEN….FUEGO!…A la redaccion de la agencia independiente Noticuba Internacional han llegado varias preocupa ...