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Rolando Garbey, antes de que pierda la memoria.

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¡Coño! Veo que se han muerto dos boxeadores cubanos de pegueta, más jóvenes que yo, y eso que alardean de la longevidad de los cubanos. Los viejos de ochenta y noventa años no le pertenecen a Castro. Su gente se está muriendo con unos sesenta, y no lo digo por los boxeadores, me remito a mis antiguos compañeros de trabajo en la marina mercante. ¡Nada! A la corta y a la larga salen los efectos del picadillo de soya y la leche suspendida a los siete años.
Se acaba de morir Stevenson y hace poco lo hizo Douglas Rodríguez. Mucha diferencia entre uno y otro. El negro mimado de los Castro y aquel terrible peleador derrotado por el alcohol luego de tantas glorias y aplausos. Dicen que una vez vendió el servicio sanitario para satisfacer su esclavitud a la embriaguez que, entre otras cosas, te hace olvidar glorias pasadas y puños fracturados para luego regalarle la medalla al comandante. Era muy bravo dentro del ring y lo admiré muchísimo, un Miura enano.
Debo aprovechar que Garbey aún se encuentra vivo para dedicarle estas líneas, solo unas cuantas, no muchas. Yo era un furibundo aficionado al boxeo, creo que aún lo soy. Solo que no disfruto del todo ese espectáculo que antecede una pelea, pero así funciona el varo como promoción.
Recuerdo a mis peleadores favoritos de aquella época, muchos dicen que fue Stevenson el mejor de todos y yo discrepo de esa opinión. Me inclino por un Emilio Correa, Adolfo Horta y el infeliz de Douglas Rodríguez. Pertenecían a divisiones donde se inscribían una larga lista de peleadores y para llegar a finales tenían que luchar de verdad. En los pesados, la de Stevenson, solo aparecían tres o cuatro desconocidos, carne de cañón y medalla asegurada. No digo que sea malo, muy elegante, gran estilo y pegada, pero pocos adversarios serios que se pudieran tomar en cuenta.
Disfruté como cualquier cubano sus enfrentamientos internacionales y los interpreté como una batalla de “Cuba” contra el mundo. Salté de mis asientos y grité ante cada knockout o medalla ganada. Sin embargo, aquella conducta no era la misma cuando se trataba de un evento nacional como el “Córdova Cardín o Playa Girón”. Era allí donde verdaderamente me convertía en opositor al gobierno y consideraba que mi actitud era verdaderamente justificada. Me encojonaba ver cómo eran beneficiados con los votos del jurado toda la escuadra de Alcides Sagarra, absolutamente todos fueron premiados con esas cabronadas. Creo que el más favorecido de ellos fue Jorge Rodríguez, le dieron hasta por el culo y siempre ganaba. Stevenson también, fue un comportamiento raro de los jurados, como si se tratara de los intocables nacionales o las jineteras gubernamentales. En esos eventos, como la mayor parte de nuestro pueblo, asumí una conducta enfermiza. ¡Qué se caiga el que esté arriba! Siempre me decía, nos caían mal los campeones “militantes”.
A Rolando Garbey lo conocí accidentalmente cuando me encontraba de oficial en el buque angolano “N’Gola”. Siempre era visitado por los peores cabrones, proxenetas y oportunistas que se encontraban de “misión internacionalista” en aquel país, siempre llegaban en sus autos hasta la escala del buque. Ese día coincidieron en mi camarote el hueleculo de “Kindelán”, uno de los jerarcas de la misión cubana y la cantante Ela Calvo, por quien no sentía ningún tipo de admiración. Bebieron hasta donde pudieron, nosotros teníamos la posibilidad de ofrecer y no crean que eran bebidas baratas. Chivas, Dimple, Johny etiqueta negra y otras caras se encontraban en nuestras reservas. Ese día, Garbey me invitó a su casa y cuando estaba pronto a partir del buque, yo le propuse realizar un “facho”.
-¡Asere! Vamos a buscar algo en la gambuza para cuando baje por tu gao. El mulato ya estaba medio en curda y no preguntó absolutamente nada. En el camarote quedaron Ela, su esposa, su chamaco y el hueleculo de Kindelán. Yo le pedí la llave de la gambuza a Webber, el Sobrecargo y comisario político del barco, él me la entregó sin susto, ningún tripulante de aquella nave robaba nada, no tenían necesidad de hacerlo.
Garbey llegó conmigo hasta el sello (pañol) donde se guardaban algunas propiedades de los tripulantes y yo busqué afanosamente una caja que tuviera el nombre de Fernando Miyares. Busqué otra caja vacía y cambié las botellas de envase. -¡Asere, pérate un tilín! Yo sé que él no comprendía nada, pero yo no estaba conforme con la hijaputada. Allí me esperó en lo que fui hasta la nevera de la gambuza y traje en mis manos varios pescados congelados. Los fui acomodando en los espacios antes ocupados por las botellas y cuando finalicé le pedí regresar nuevamente a mi camarote. Unos minutos más tarde ellos abordaron el bote del barco que los conduciría hasta el muelle, yo quedé en visitarlo al día siguiente para cumplir una invitación a comer.
Solo nos encontrábamos él, su esposa, el niño y yo. Fue una velada sumamente aburrida, donde tuve que escuchar la historia del tabaco. Aquella negra de mierda que supongo se consideraba la Marilyn Monroe de ébano, no cesaba de restregarme en el rostro que vivía en una mansión de Miramar. Yo vivía cuando entonces de agregado en una casa donde nos hacinábamos veintiuna personas, me reventaba trabajando, pero no sabía ni me gustaba boxear. Estuve a punto de pararla varias veces y recordarle que por comemierdas como yo, su marido había sido campeón de boxeo y ella vivía en tan aristocrático barrio. No quise amargarle la cena a Garbey porque en el fondo era una persona muy humilde y sencilla, pero aquella negra me sacaba de los cabales. ¡Coño! ¿Cómo es posible que este tipo, siendo campeón y mulato, se haya enredado con esta prieta cocotimba? No es un problema de racismo, yo era un blanquito que había vivido en Juanelo y tuve en ese barrio predominantemente negro a una monumental mulata. Ella hablaba, hablaba, hablaba, no paraba de hacerlo, ni le dejaba espacio a su marido. Se proyectaba como la verdadera campeona y ganadora de medallas en aquella casa. Me sentí tentado en varias oportunidades en decirle que gracias a muertos de hambre como yo, su marido, una especie de animal salvaje, vivía en aquel barrio que yo no le envidiaba. ¡Tuve que habérselo dicho! No lo hice por pendejo y por no amargarle la vida al mulato, tal vez esquivé un trompón. Tenía que recordárselo, el único beneficiado de sus peleas era él y bueno, también ella, una mona con un mojón en la cabeza. Grabey y todos los deportistas cubanos solo eran una clase parasitaria en nuestra sociedad, unos con más suerte que otros. Ella no entendía nada de esto y no se detuvo en hablar porquerías hasta que decidí marcharme. Su marido se encontraba en “misión internacionalista” también, solo que pertenecía al grupito de los privilegiados del gobierno, se encontraba con su esposa e hijo. Entrenaba a los boxeadores de Angola, prietos que no eran aficionados a los golpes al mentón, pura pérdida de tiempo y dinero.

-¡Compadre! Qué clase de paliza te dio el venezolano Alfredo Lemus! El tipo se encojonó y fue cuando al fin pudo abrir la boca sin permiso de su mujer. Lo hizo muy ofendido.
-¡Estás equivocao! Esa pelea la gané de calle. Al fin logré que su mujer cerrara el pico.
-¡Sí, la ganaste de calle! Al punto que ha sido una de las pocas manifestaciones de honestidad del público cubano en contra de uno de los suyos. Esto no es nada que me contaran, yo me encontraba en el salón de oficiales del buque “Jiguaní” estando atracados en Puerto Cabello, Venezuela. El salón se encontraba totalmente abarrotado de cubanos y venezolanos. Las cajas de cerveza se vaciaban por milagros y todos, absolutamente todos los presentes, apostaban a una u otra bandera en aquel campeonato mundial. Un gran silencio se produjo al finalizar aquella pelea en espera del veredicto, cuando finalmente se supo el ganador, la ciudad deportiva completa fue ensordecida por el chiflido de un público honesto e inconforme. Solo que esa vez y otras, su desacuerdo no fue suficiente contra la presencia en el estadio del “comandante”. Él no aceptó mi versión de los hechos y el resto de la noche le perteneció nuevamente a su negra.
El barco partió de Luanda a Lobitos y mi vuelo hacia La Habana era al día siguiente. Garbey me invitó a quedarme en su casa, pude aceptar otras invitaciones, pero consideré aquella como la más seria de todas, la vida en aquella ciudad era un relajo Esa noche, un grupo de amigos organizó una fiesta de despedida en un edificio aledaño al de Garbey y los invité. Como era de suponer, su mujer acudió a decenas de excusas para evadir su asistencia. Ella no se sentía a gusto con gente de orilla, había nadado mucho y se consideraba superior a nosotros, de otra playa, ¡vaya negra más comemierda! El mulato fue a la fiesta, tampoco se mantuvo mucho tiempo con la turba. Fue valiente en el cuadrilátero, pero ahora su contrincante era mucho más fuerte que él. Me dejó la llave del apartamento al que regresé de madrugada, muy temprano en la mañana me vestí con el uniforme de gala y partí sin despedirme. La fiesta aún continuaba y una caravana de borrachos me acompañó hasta la parte militar del aeropuerto. Solo volaríamos diez civiles en aquel Il 62 con bandera rusa y tripulación cubana. Regresé al mes siguiente y no hice absolutamente nada por reencontrarme con ellos, yo seguí mi rumba con los muertos de hambre, no me sentía a gusto en compañía de una negra tan distinguida.
Grabey fue buen boxeador, técnico y tramposo, algo sucio cuando la situación lo demandaba. No era gran pegador tampoco, no fue santo de mi devoción aunque como dije anteriormente, celebré como todos sus victorias internacionales y me cagué en los jurados que lo beneficiaron en torneos nacionales. ¡Eso, sí! Aunque le cueste trabajo reconocerlo, el venezolano Alfredo Lemus le ganó de calle aquella pelea. No es que yo pueda equivocarme, es que resulta imposible que lo hicieran todos los aficionados que se encontraban ese día en La Ciudad Deportiva. Vayan estas notas antes de que me muera o lo haga él ahora que hay un pedido de boxeadores. Sirvan de adelanto antes de que pierda la memoria.

Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2012-06-13

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Discussion

  1. margarita garbey  junio 16, 2012

    Este escrito es para el señor Esteban Casañas Lostal, el cubano mas hijo de puta, que ha parido madre, como vera soy una de las hijas de Rolando Garbey, hombre de moral y principios intachables, y un ejemplar padre de familia, no se como se permite, difamar a mis padres, se ve plenamente que eres un racista, envidioso, y sobre todas las cosas un oportunista, seguramente, fuiste un comunista estremista y fustrado. No tuviste los cojones de decirle a mi padre en su cara, como pensabas señor hipocrita, porque sabes que en Cuba te manda al hospital de un puñetazo, eres un escritor malisimo, vives de las mentiras, para ganar que cosa?
    Estas deseandole la muerte a mi padre, cuidado!!! que estas llamandola para ti, porque la vida es un bumeran, como te permites difamar de mis padres!!!, hablas de que fue campeon por comemierdas como tu, acepto que eres un comemierda, pero no fue campeon por ti, sino por su esfuerzo, dedicacion y disciplina en el deporte, mientras tu te dedicabas a quien sabe que, animal salvaje, si, defendiendo sus logros y poniendo bien en alto el nombre de su pais, la escuela de b oxeo cubana tiene mucho mas prestigio que tu, al menos de ella han salido hombres como mi padre del cual estoy orgullosa, en esta historia el verdadero parasito eres tu, que fuiste mantenido, aunque no lo creas, por las medallas que llegaban de todos esos atletas que tanto criticas. No le habra ganado las peleas a Lemus, pero si gano la batalla de la vida, la batalla de la dedicacion, del esfuerzo diario, por lo que le gusta hacer, y tu que hiciste?, y de mi madre, no te lo vuelvas a permitir de ofenderla, porque aqui el unico que tiene un mojon sentado en un taburete en la cabeza eres tu, verguenza te deberia dar, tan viejo, con una familia, que ya tienes hasta nietos, y difamando de mi familia, sabes que esto te costara que te denuncie por difamacion. Espera noticias de todos sus hijos, nos veremos muy pronto, no permitimos que nadie ensucie la imagen de nuestro padre, es un ejemplo en todos las aspectos de nuestra vida.

    (reply)
    • Esteban Casañas Lostal  junio 16, 2012

      Señora o señorita Margarita.-

      Como podrá comprobar, este hijo de puta que ha nacido de una madre muy diferente a la suya, ha publicado su nota por dos razones muy importantes: 1.-Respeto el derecho a la libre expresión de todos los seres humanos. 2.-Respeto su derecho como hija a defender a sus padres, oportunidad pocas veces concedidas en Cuba a miles de hijos como usted y a padres como los suyos. Vuelvo a releer el contenido de mi escrito y no encuentro argumentos válidos a la supuesta “difamación” a la que usted hace referencia. Le recordaría que cuando ocurrieron esos acontecimientos, usted se encontraba aún en los testículos de su padere y por lo tanto, ignora totalmente si han sido ciertos o falsos. Como verá, no existe ninguna palabra que denigre la figura de Garbey en todo lo expresado, no le niego que fui severo sin embargo con su madre. Pude haber escrito que era una petulante, arrogante, prepotente, oportunista, complejista, racista, engreída, clasista, etc. Pudiera agregar otra decena de epitetos más, pero resumiéndolo al lenguaje utilizado en la isla dentro de cualquiera de nuestros barrios marginales, lo resumiría con un simple negra comemierda o negra mona. Porque si usted nació en Cuba y no en China, sabe que los cubanos no nos andamos por las ramas y vamos directo al grano de esa manera. Todo eso y más se merecía por el desprecio manifestado de parte de su “querida madre” hacia los que no vivíamos en Miramar, no teníamos casta de aristocráticos y éramos considerados ante sus ojos como una “vulgar chusma”. Su padre era muy diferente a ella y lo hago sentir en mi escrito. De todas maneras, le repito, está en todo su derecho a defender a su padre y la admiro por ello. Como le manifesté con anterioridad, usted no se encontraba en este mundo y nosotros, los mayores, pudimos haber cometido errores de los cuales ustedes no deben sentirse responsables. Bueno! Que los haya superado no quiere decir que no los hayan cometido.
      Le voy a decir algo sobre este “hijo de puta” nacido de una madre muy diferente a la suya. Al partir de Cuba dejé 27 años de duro trabajo, le hablo de labores que verdaderamente aportaban “supuestamente” a la sociedad. Ningún país come medallas para luego cagar medallas, entonces, mi aporte al país fue más beneficioso que el de su querido padre. Con esto le digo que no solamente él fue un mantenido por comemierdas como todos los trabajadores cubanos. Fue un parásito más de todo aquel ejército de atletas que para mantener su condición “amateur” ante los ojos internacionales, fueron incluidos en diferentes nóminas donde cobraban mensualmente un salario sin trabajar. Quieres un solo ejemplo? Rojas, el medallista de bronce de Moscú en los 81 kg o más, cobraba como bombvero y nunca apagó un fuego. Esto no me lo dijo nadie, él vivía en mi edificio. Busca donde cobraba tu padre y luego me dices.
      Contrario a lo que manifiestas, nunca fui “comunista ni extremista”, eso me ahorró también el trabajo o verguenza de dedicarle medalla alguna lograda por mí al hijoputa comandante. Acaso lo hizo tu padre? Lo hicieron muchos atletas de su tiempo y posteriores. Entonces, yo no fui el mantenido, ni me regalaron casa en Miramar, ni me codeaba con la élite del gobierno como si fuera el ejemplar de una mascota exótica. No digo que lo haya sido tu padre, pero ese fue el triste rol de muchos “campeones”.
      Tu padre fue muy “afortunado”, mejores campeones que él no corrieron la misma suerte. Cuando más, fueron premiados con un apartamentico en Alamar, algunos con un Ladita y otros con Moskovich. Después, fueron condenados al olvido y naufragaron en esa batalla de la vida ante las frustraciones que solo conducen al alcohol. Averigua por la vida de Emilio Correa, Sixto Soria y Douglas Rodríguez entre otros. Todos ellos mucho más campeones que tu padre.
      De dónde sacas que le deso la muerte a tu padre? Yo no lo considero mi enemigo. Tampoco soy escritor y lo he manifestado infinidad de veces. Eso sí, supero con creces a todos los compañeros de tu padre, muy beneficiados con las mentiras a las que ellos dedicaron sus medallas. Para nadie es secreto de que todos ellos eran unos ignorantes premiados con el título de “Licenciado en Deportes” cuando no sabían hablar. Ohhhh! Se me olvidaba excluir a Pedro Orlando Reyes (Licenciadeo en Historia) y Carrillo (quien era médico) Licenciados? Mi título lo obtuve con esfuerzo propio en la Academia Naval y el apartamento que dejé en Cuba lo construí con mis manos en la microbrigada.
      En fin, puedes proceder con todas las demandas por difamación que se antojen, yo no como miedo y ya soy un viejo. Eso sí, mucho ojo! En esta nota tuya existe una velada amenaza contra mi persona y yo vivo en un país libre, no en la mierda de lugar que según tú, tu papasito nos mantuvo con medallas.

      Esteban Casañas Lostal.

      Ahora le digo

      (reply)
  2. Esteban Casañas Lostal  junio 18, 2012

    Mire, comunista de mierda, si desea seguir escribiendo en este blog, deberá hacerlo con su correo primario y no desde un tercer buzón. Si tanto ama a su país, regrese a él para que se moje el culo si quiere comer pescado. Parásita y mantenida que ama a asesino ce Castro desde las comodidades del capitalismo. Sus amenazas me las paso por los cojones, así que ya sabe. Llénese de valor y escriba desde su correo si desea continuar con sus mierdas, descarada.

    Esteban Casañas Lostal.

    (reply)

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