Como se derroca a un dictador
Mientras transportábamos tropas cubanas para Angola a bordo del buque Renato Guitart, tuve un encontronazo verbal con el capitán del buque llamado Pedro J. Ferreiro Casas. No recuerdo exactamente las razones que originaron aquel diálogo producido a la hora del almuerzo en el comedor de oficiales, se encontraban presentes algunos miembros del alto mando militar de aquella misión. Solo recuerdo que se produjo un profundo silencio mientras las palabras viajaban desde mi mesa hasta la de Ferreiro.
-Yo no estoy de acuerdo con el envío de esos muchachitos a la guerra. Expresé en un momento que se hacía referencia a la presencia dentro de la tropa de un reducido grupo de “Camilitos”, aquellos muchachitos tendrían entre quince y dieciséis años.
-Pues a mí me parece correcto, la tropa debería estar compuesta por jóvenes como ellos. Respondió Ferreiro.
-¡Claro! Como no es un hijo tuyo el que se expone a la muerte es muy cómodo aprobarlo desde esa posición. No creo que los padres de ellos estén muy de acuerdo contigo, porque hasta donde tengo entendido, ellos fueron quienes les dieron la vida y esos cuerpos que hoy ostentan. Le respondí mientras el enfermero Castañeda me golpeaba con los pies y con la mirada me invitaba a concluir la conversación.
-Pero no debemos dejarnos llevar por esos sentimentalismos, todos los grandes eventos de la historia han sido empujados cuando menos por la juventud. Ellos son los que actúan con arrojo y tenacidad, no se encuentran comprometidos con nada, no la piensan y se lanzan al campo de batalla con decisión. Los viejos son otra cosa.

No se extendió mucho aquel dialogo por razones que todos conocemos, tampoco era saludable continuarlo en medio de un ambiente donde el tema diario era uno, la guerra. Hoy, treinta y dos años después de ocurrido aquel evento, disfruto accidentalmente de un documental cuyo link aparece debajo del título de este artículo. Regreso involuntariamente hacia mis años mozos y me viene a la mente aquellos muchachos que viajaban conmigo para desafiar la muerte. En ambos casos, queda la sensación de un tiempo maravilloso e irrepetible, pero perdido e irrecuperable, la juventud. Ferreiro tenía cierta razón al expresar su punto de vista, que por cierto, no era sincera. Yo también tenía mis razones para oponerme, me ubiqué en la posición de los padres de aquellos muchachitos. Aún hoy, mantengo esa misma postura, no apruebo la utilización de esos jóvenes en la guerra, una sola justificación sobresale por encima de todas las que siempre han cruzado mi mente. Ellos llegaron para vivir y no lo solicitaron, nosotros no tenemos derecho a privarlos de sus vidas.
Consumo con avidez el documental realizado sobre la organización juvenil serbia llamada OTPOR, que significa “Resistencia” en su lengua. Me sentí hipnotizado ante el material que iba consumiendo y no deseaba llegar al final, creo que es un documental muy instructivo para todos los cubanos, sobretodo, para nuestra juventud. La que tendrá la desgracia de heredar todas las calamidades y miserias dejadas como legado por las generaciones que les antecedieron, pero con la fatalidad de tener que luchar con el objetivo de obtener esa herencia. Lucha, que por supuesto, realizada en las condiciones de una Cuba actual, pueden convertir el estilo de lucha de la juventud serbia en toda una utopía caribeña. Sería una labor tenaz y paciente que se realizaría a un plazo más lento y prolongado que en aquel país, pero las esperanzas siempre existen. Es muy probable que la juventud serbia no se encontrara tan dañada como la cubana actual, pero se observan focos de líderes espontáneos que comienzan a manifestarse con sus propios estilos y armas en sus manos de la misma manera que hicieron aquellos.
La historia de casi medio siglo ha demostrado que, ninguna de las vías utilizadas ha sido eficiente en ese afán por desprender al dictador Castro de su poder absoluto. A diferencia de aquel país, donde la posibilidad de presentarse como candidato a elecciones existió, aunque sin remotas posibilidades de obtener victorias por distintas razones. En la isla, esa posibilidad no existe y pudiera considerarse por descontada ese estilo de lucha, aun, cuando los males y vicios que padeciera la oposición serbia fueran comunes a una parte de la cubana. Debemos remontarnos hasta nuestras luchas independentistas para comprender que, ese virus viene viajando en nuestro cuerpo desde siglos pasados. Sin embargo, no puede descartarse la posibilidad de una variante aplicable al caso nuestro.
Los jóvenes tienen que ser los verdaderos dueños de su futuro, las viejas generaciones se encuentran envejecidas y agotadas, traicionadas, comprometidas, etc. Los jóvenes no creerán en promesas que casi siempre son incumplidas, y menos, cuando llegan desde voces que solo representan un gran fracaso, el que ellos observan diariamente. Algo muy positivo nos muestra ese documental, aquellos jóvenes fueron capaces de sacar del poder a uno de los más sanguinarios dictadores conocidos en la era moderna. Lo hicieron sin armas, sin derramamiento de sangre, con la madurez que faltó a todos los que los antecedieron, y no solo eso, lograron comprometerlos en sus luchas y unir sus voces. OTPOR se propuso sacar al asesino Milosevic del poder y lo logró dejando atrás todas las estrategias propuestas. La juventud cubana puede hacerlo también.
FEB

