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El escándalo “Crescencio Marino Rivero”.

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Miami vuelve a despertarnos con otro de sus acostumbrados escándalos, esta vez su protagonista es un alto oficial del tenebroso Ministerio del Interior y ex director de un sector del sistema carcelario en la isla. La noticia corre como pólvora y se repite en casi todos los medios de difusión masiva además de la prensa. No nos encontramos ante una novedad de lo que sucede en esa ciudad, solo es necesario detenerse un poco en las noticias que nos llegan desde allá y encontraremos detalles muy importantes. Por ejemplo y es una simple deducción sobre el material que consumo diariamente, menos del 30% de esa información corresponde a escándalos provocados por el exilio cubano. Casi siempre son limitados a acciones realizadas, todas ellas comprendidas dentro del marco de las libertades civiles que la sociedad ofrece. Hablemos de manifestaciones en contra de “indeseables” que arriban en el falso “intercambio cultural”, una pequeña aplanadora pasando por encima de discos compactos, una caravana de embarcaciones que parte hacia aguas cercanas a La Habana, etc. Solo una acusación de verdadero peso ha aparecido en los últimos meses, me refiero a aquella donde se culpa a la parte “extremista” del exilio por el fuego producido en una agencia de viajes. Todo lo demás es musical y nos da una idea aproximada del grado de envejecimiento de nuestro exilio.

Más del 70% de las informaciones que producen esos escándalos, corresponden a protestas o denuncias de ese viejo exilio aún vivo en contra de cualquier motivo que ofenda o sirva de pretexto para provocarlo. Siempre, los protagonistas de esas noticias guardan cierto vínculo con el régimen de La Habana, encubierto o mostrando desafiantemente su verdadero rostro, práctica ejercida en los últimos tiempos ante la confianza que les brinda la administración norteamericana. Se comprenden entre esos escándalos, denuncia a estafadores del Medicaid y Medicare que finalmente escaparon hacia su paraíso fiscal luego de cometer sus delitos en La Florida. Sobresalen por encima de ellos, la presencia descubierta de antiguos funcionarios del régimen castrista, que para colmo, se convierten en vedette de los órganos de prensa escrita, radial y televisiva. No sería tan humillante esa situación, si no se produjera precisamente en el territorio ocupado durante muchos años por sus víctimas.
El descaro en su actual proceder no tiene límites y desafortunadamente, la resistencia encontrada en su escenario es muy débil debido al natural envejecimiento del exilio. De la misma manera que la dirigencia en la isla forma parte de un parque jurásico, al exilio le ha sucedido lo mismo. No prepararon su relevo y van quedando solos para dolor de los que compartimos posiciones irreconciliables con aquella tiranía.
Recorres todo el escenario y compruebas que esos individuos cuentan con simpatizantes y defensores. Casi siempre esas posiciones son mantenidas desde la oscuridad que brinda el anonimato, pero brindan una idea clara del estado actual en que se encuentra la diáspora cubana. Analizas las vías usadas para llegar al exterior y puedes calcular que muchos de ellos pertenecen a nuevas generaciones. En oportunidades no se ocultan para hacer proselitismo a favor de sus verdugos y sientes verdadera pena por tu pueblo. Penoso para una nación que una parte de sus hijos lograran una visa dando el culo o haciendo el amor con un homosexual extranjero. Doloroso que una joven de nuestro país haya tenido que soportar el olor rancio de un viejo durante sus asquerosos actos sexuales y que todos ellos defiendan a representantes del régimen que los obligó a vender sus cuerpos, así van las cosas y resulta más provechoso mandar todo al carajo. Eso no ocurre solamente en Miami, principal objetivo a destruir por esa tiranía. Estas bacterias han sido diseminadas por diferentes continentes, miren hacia Canadá, España, Suecia, Italia, Islas Canarias, etc. Es una verdadera plaga que envenena al mundo con su maldad, porque no me jodan, ellos conocen de muy cerca las desgracias vividas en nuestra isla. Lástima de pueblo que tenga a tantos “maricones de alma” como embajadores.

Hoy le toca el turno a un ex Teniente Coronel y su esposa, ella era Capitán del Ministerio del Interior. Los escuchas en sus entrevistas y llegas a la conclusión de que los equivocados somos nosotros, ellos no dejan de ser unos angelitos. Para colmo, ese Teniente Coronel del peor órgano represivo en la isla, tiene la poca vergüenza de mencionar entre palabras a la “Carta de Derechos Humanos” por la que tantos cubanos han guardado prisión.
Ninguno de estos hijos de puta eligió marchar a Venezuela, China, Viet Nam, Corea, Bolivia, Nicaragua, Argentina, Ecuador, etc. Todos han preferido la tierra del enemigo y preferentemente los EE.UU. Llegan acá y saben tener una vejez garantizada con el mínimo que ellos no ofrecieron en nuestro país. Solo que de este lado del mar, los gastos para mantener sus vidas parásitas corren a cuenta de los contribuyentes, entre los que aportan demasiados de aquellos enemigos a los que ellos obligaron a emigrar de su tierra. Se dan el lujo de mentir ante una administración complaciente y ello provoca un escándalo más. Todavía hay que escuchar o leer a unos cuantos “maricones de alma” haciendo pedidos a la reconciliación y el perdón entre cubanos, como si nosotros fuéramos enemigos de ese pueblo al que pertenecemos, ¡no jodan!
¡Qué los expulsen del país! Es lo menos que merecen cada uno de ellos. Los que estamos del lado de acá conocemos perfectamente los mecanismos utilizados para ascender a niveles altos de dirección en la isla. No todos deben pagar igual, solo el precio justo que les corresponde. No es igual un Capitán que trabajó como controlador aéreo, al que se desempeñó al frente de una estación de policía. ¿Cuántas tarjetas blancas no habrá rechazado esa mujer mientras trabajaba en Inmigración? Poco importa ahora. Lo que interesa es que la regresen al paraíso de su ideología, ellos no tienen derecho a disfrutar las bondades de sus enemigos.
Al menos por ahora, Miami nos despierta de vez en cuando con uno de sus escándalos. Deben quedar menos y debemos aprovecharlos, el exilio envejece y llegará el momento donde impere el silencio o, que aparezcan carteles de CDR en la Calle 8. Es lo que merecemos por pendejos.

Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2012-11-04

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