Vivía frente a la parada de la guagua que se encuentra a la entrada del Golfito, compartía apartamento con su hija mayor, una rubia criolla gracias a las bondades del agua oxigenada. Mantenía bajo su tutela a un varón que tendría entre trece y quince años. Nunca le pregunté por su mujer, creo que no existía en su pobre inventario. Pocas veces pasé a su interior, me deprimían las visitas a hogares cubanos donde el paisaje casi siempre era ...
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MAR
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