
La primera vez que la vi con un santo montado yo era muy chamaco, me asusté mucho al verla tirada en el piso y revolcada en sus espasmódicas convulsiones. Había adquirido una voz varonil y cada palabra era expulsada con un poco de espuma por la boca. Algunos de los presentes trabajaban duro para controlarla, no fueron suficientes dos hombres y requirieron la ayuda de otra pareja. Nunca comprendí aquel ...
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FEB
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