
Estaba sentado en una de las gradas del estadio que se encuentra al final de la Avenida Acosta, nadie me ha dicho si es allí donde comienza o termina la avenida. A mi espalda corría Vento y una línea de tren paralela, ya había pasado por allí en varias oportunidades. Era uno de esos días calurosos que mojas la camisa con exageración, el sudor que produce la humedad del trópico se incrementa con las gotas ...
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