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Para escribir o hablar de situaciones como estas, uno debe asumir que incursiona en el campo de los cuentos infantiles por lo increíble que resulta aceptar que ocurrió verdaderamente. La superioridad profesada durante tantos años, aquella invencibilidad absoluta del socialismo trazada como meta final de todos los pueblos. Lo peor, el convencimiento de que todo era cierto, convertían automáticamente a cualquier persona que se atreviera a criticarlo en un vulgar mentiroso. Esta historia está basada en hechos reales, pero digamos que es una versión muy particular. Forma parte de la historia de una marina mercante cubana que desapareció un día dejando pocas huellas de su existencia. La escribí hace muchos años y he preferido realizarle algunos cambios definitivos. Hoy se la traigo como una pieza más de mi colección de “Cuentos infantiles para tiempos de guerra”.
…Había una vez un villano que habitaba en una isla muy hermosa… (Ese villano puede guardar mucha similitud con el lobo de la Caperucita, la bruja del espejo de Blancanieves o la vieja cabrona de la casa donde vivía la Cenicienta. Ustedes metan al más villano de todos los que han conocido, pueden incluir a Sadam si les apetece, es un margen que les brindo para que se involucren con la historia. ¡Ah! Si se me escapa alguna malapalabra deben pensar que el cuento, aunque sea infantil, está concebido para un escenario de beligerancia y guerra. O sea, los niños que lo leerán pueden estar armados y te suenan una granada con mucha tranquilidad, esto no es exageración y ocurre con mucha frecuencia.)
Había una vez un villano que habitaba en una isla muy hermosa que se encuentra en el Caribe, fue muy famoso por sus dotes de orador. Sus kilométricos discursos actuaban como sedantes y las masas caían fulminadas con sus palabras. Prometía y prometía sin parar durante sus primeros tiempos y supo ganarse de esa forma la confianza de su pueblo. Con el paso de los años, muy pocos después de tomar el poder, aquel villano se enfermó con sus propios egos y vanidades, convirtiéndose en un ser despiadado y caprichoso. El encanto de la isla se fue transformando en la medida que la convirtiera en un laboratorio privado donde realizara todos sus experimentos, dejando como legado a las nuevas generaciones un país convertido en ruinas.
No existió tiempos de paz durante su mandato, hoy se le antojaba ser ganadero, mañana cirujano, después deportista, ingeniero azucarero, mecánico, pero su peor etapa ocurrió cuando se le antojó ser guerrero. Desde una amplia mesa ubicada en sus oficinas y con una varita en la mano, el villano movía sus tropas de soldaditos de plomo mientras a miles de millas de distancia sus hombres combatían. Un día cualquiera que nadie puede recordar, soñó ser un famoso Armador, mucho más que Aristóteles Onassis, tal vez no soñaba y solo fue otro de sus caprichos, quién sabe. Durante el trayecto hacia su oficina le dijo a uno de sus ayudantes, al más cercano de ellos, al más confiable.
-Nosotros tendremos la flota mercante más grande que se haya conocido en América, sus buques serán inmensos y modernos, porque nosotros somos los mejores, somos lo máximo, pero esto lo haremos con el hombre nuevo. Un hombre ajeno al vicio del contrabando, al juego ilícito, las bebidas y amoríos. Ese hombre será solo para el trabajo y se olvidará de lo material, porque así será el hombre nuevo. Entonces, su tarugo tomó notas de aquellos deseos que no lo eran tanto, ya lo conocía perfectamente y sabía de la pata que cojeaba su amo. Sin terminar de escribir lo comentado a modo de dictado, el secretario reunió a todo el equipo de asesores y les expuso las nuevas orientaciones del villano que todos acataban con disciplina y alegría.
Las comisiones de trabajo salieron a la caza del hombre nuevo por todos los montes de la isla, viajaron a lugares donde no había llegado aún la corrupción, todas fueron detenidamente revisadas por aquellos comisarios. Confiaban ciegamente en los informantes diseminados por aquellos remotos rincones del país y fue así que en su recorrido por Baracoa, uno de estos grupos se detuvo a observar el cruce del río Toa. La habilidad de uno de los guajiros, quien con vara en mano como si fuera un motor, maniobraba con destreza una patana cargada de caballos y mulos, les llamó mucho la atención.
-Buenas tardes, compañero. Le dijo el cabecilla del grupo una vez que se pegó a la orilla y comenzaron a desembarcar los animales.
-Buenas tarde, compay. Respondió el rudo guajiro mientras resoplaba como un caballo por el esfuerzo que había realizado.
-Compañero, la revolución necesita de sus servicios.
-Uté dirá camará.
-Sabe una cosa, lo vi maniobrando con esa patana y creo que usted reune todas las cualidades para ser magnífico Capitán de nuestra marina mercante.
-Yo lo que creo é que uté etá chiflao, compay.
-Pues mire que no, usted formará parte de esa gloriosa marina desde estos momentos.
-Compay, yo nunca vide un barco, yo solamente conozco de animales, café y cacao.
-Eso no importa, la revolución lo preparará y hará de usted un hombre más útil a la sociedad, ¿es usted militante de la UJC?
-No camará, yo soy militante del Partío.
-Con más razón, usted no puede negarse a esta tarea de su Partido.
-Miren, eso é mejor hablarlo delante de mi comay en el bohío. Hacia la pobre vivienda se dirigió toda aquella comitiva y después del acostumbrado café al estilo oriental, no pararon un segundo de hablarle a la pobre campesina para que aprobara la salida de su marido a la capital. Ante cada gesto y palabras de resistencia, ellos le hablaron de la posibilidad de salir de ese campo donde toda la vida sería solamente un cultivador de café. Le llenaron la mente de cines, hoteles, buen salario, televisores a color, equipos de música, lavadoras japonesas, etc. La infeliz guajira devorada por la curiosidad por aquello que le mencionaran, recogió los pocos y viejos trapos de Eleuterio. Lo llevó hasta la puerta del bohío y le ordenó no regresar hasta que le trajera todo lo que los camará le habían mencionado.
El guajiro y sus compañeros fueron albergados fuera de la ciudad, allí comenzaron a impartirles clases de primaria que compartían con trabajos agrícolas. Les enseñaban también algunos adelantos de la vida moderna como el uso de los servicios sanitarios, cambiarse diariamente de calzoncillo, limpiarse con papel sanitario, etc. No puede negarse el interés y la pronta superación de aquellos hombres nuevos que sustituirían a la masa corrupta de viejos marinos.
Pocos meses después, Eleuterio hacía su triunfal entrada en una pequeña escuela de Patrones de Cabotaje que se encontraba a las márgenes del rio Almendares. Semanas más tarde salió con un diploma de Patrón. Nadie puede dar fé de la veracidad de que aquellos guajiritos aprobaran, lo cierto es que nadie los iba a desaprobar tampoco porque aquello se opondría con los planes del jefe. Muy pronto, antes de que tuvieran tiempo de quitarse las espuelas que usaban en el campo para pinchar a los caballos, todos estaban a bordo de buenos y grandes barcos.
A partir de ese momento se rompía definitivamente con todo lo viejo, aunque esto no fuera malo. Se incrementaron los robos, aumentó el contrabando, se tenía que dormir con las puertas de los camarotes cerradas, se vieron con más frecuencia marinos presos en el extranjero por tomar una bicicleta mal parqueada y así, se hicieron famosos aquellos muchachos que formaban parte del hombre nuevo. Poco tiempo después, Eleuterio capitaneaba un barco pequeño, pero era un barco y no la patana que empujaba en el Toa. La guajira ya vivía en La Habana y se había olvidado de la letrina. La música estéreo condenó al silencio el canto de los gallos y ambos viajaban en un auto Lada que el guajiro se había ganado por méritos revolucionarios.
-Compañero, ¿se encuentra el Capitán? Le preguntó un hombre de guayabera al marino que estaba de guardia en el portalón del barco, le bastó una leve mirada al marino para comprender que estaba ante la presencia de algún dirigente del Partido. El disfraz siempre era el mismo, portafolio en mano, bolsillo de la guayabera llena de bolígrafos de distintos colores, espejuelos de armadura metálica que solo se hacían para los de ese nivel. En el bolsillo del lado contrario dos o tres tabacos, un adulón que siempre los acompaña y son utilizados de mensajeros. Jean que se compraba en las tiendas de diplomáticos, zapatos extranjeros, la piel nada curtida por el sol, vientre inflamado y bajo la escala, un Lada con los cristales ahumados y el chofer complaciente cual perro fiel que espera a su amo.
-Sí, el Capitán se encuentra a bordo.
-Comuníquele que deseo verlo.
-¿De parte de quién?
-Dígale que es el Secretario del Partido del Municipio Especial Isla de la Juventud.
-Un momento compañero. Tomó el teléfono para llamar al camarote y al momento le contestaron de la otra parte de la linea.
-Capitán, lo busca el Secretario del Partido de la Isla, ¿puede pasar?
-¡Oye, compay que bruto eres! A esa gente no se detiene para nada, tráelos inmediatamente. El marinero asustado colgó el teléfono y le sugirió al de la guayabera que los acompañara, una vez en la puerta del camarote el marino regresó a continuar su guardia.
-Buenas, Capitán.
-Buenas y pasen adelante. Una vez adentro, Eleuterio cerró la puerta de su oficina para darle más privacidad a la entrevista, entonces, el tarugo se encargó de la presentación.
-¡Mire, Capitán!, el compañero es el Primer Secretario del Municipio Especial. El jefecito le extendió la mano y sin esperar la invitación se sentó como si estuviera en su casa. Bueno, realmente lo estaba, en esa isla y en la mayor todo era propiedad del villano que representaba.
-¿A qué debo el honor? Al Primer Secretario le habían informado que el Capitán de aquella nave había sido un guajiro cazado en las montañas y ante la expresión escuchada, no le cupo la menor duda en reconocer que aquella revolución había realizado milagros en el país.
-Capitán, vengo a encomendarle una tarea de la revolución.
-Usted dirá.
-Nuestro glorioso Partido lo ha seleccionado para la honrosa tarea de transportar un cargamento de melones, son de extrema urgencia en estos momentos de escases de alimentos en la capital.
-No hay más nada que hablar, esos melones serán transportados y de esta forma le damos cumplimiento a esa honrosa tarea encomendada por nuestro glorioso Partido.
-Muy bien Capitán, informaré de la disposición de la tripulación de esta nave bajo su mando a nuestro Comité Central.
-¿Cómo vendrán embalados esos melones?
-¿De qué me está hablando, Capitán?
-Le preguntaba de cómo vendrían embalados esos melones, si vienen en cajas, contenedores, canastas, etc.
-¡Aahhh!, es que no lo había entendido. No, los melones vendrán en camiones hasta la banda del barco y después usted los embarcará.
-¿Pero sin ningún tipo de embalaje?, ¿no vienen en cajas
-No, Capitán, los melones los debe embarcar a granel y considerando sus condiciones de militante, es por ello que lo hemos seleccionado para esta heroica tarea.
-¡Coño, compay!, ¿usted está seguro de lo que me dice, melones a granel?
-¿Va a dudar de la palabra del Partido?
-Por supuesto que no, pero esto no lo había oído antes.
-Pues fíjese, no es la primera experiencia que se ha realizado de estos cargamentos.
-Bueno, si la cosa es así, manden todos los melones que quieran para la capital, porque nosotros sí que somos de Patria o Muerte.
-Muy bien, Capitán. Los camiones comenzarán a llegar dentro de unos minutos. Lamento mucho tener que retirarme, aún me quedan otras tareas por cumplir.
-No se hable más y confie en nosotros. Se despidieron y cuando el Capitán quiso acompañarlos hasta el portalón, el Primer Secretario le dijo que no se molestara, él recordaba muy bien el camino.
Pocos segundos después, pudo oirse por los altavoces interiores de la nave la voz del Capitán solicitando la presencia de su Primer Oficial para coordinar lo relacionado al embarque de los melones. Mientras tanto, dentro del auto y saliendo de las instalaciones portuarias de Nueva Gerona, el Secretario y su adulón mantenían una interesante conversación.
-Jefe, ¿usted está seguro de lo que le dijo a ese infeliz?
-¿De qué me estás hablando?
-De lo relacionado con el embarque de los melones.
-Por supuesto que sí, los melones se embarcarán en esa nave para La Habana.
-Eso yo lo sé, me refiero a embarcarlos a granel, ¿ha existido antes alguna experiencia similar?
-Cómo crees, ¿a quién se le ocurriría semejante locura?
-¡Coño!, ahora si que me has dejado botado.
-Paco, lo primero que tienes que hacer en esta vida es aprender a vivirla, estas cosas no te la enseñaron en la escuela del partido Ñico López.
-De verdad que no lo entiendo.
-Te tomará tu tiempo hacerlo, pero fíjate. En eso se sacó un bolígrafo del bolsillo y se lo puso en la palma de una mano, mientras continuaba. -Esta es una papa caliente que te tiran, la recibes con una mano y cuando te está quemando la pasas a la otra. Cuando la otra mano comienza a calentarse la vuelves a regresar y así sucesivamente hasta que te cansas de esa basura que te está quemando. Luego, no te queda más remedio que soltar la papa antes de que te puedas quemar.
Terminó de decir esto y continuaba pasando el bolígrafo de una mano a otra sin parar.
-Déjame ver si capté el mensaje, me dan una orientación o tarea que es dificil de cumplir, es una gran tiñosa, si no salgo de ella me pueden joder. Agarro al primer comemierda que me encuentro y se la suelto, si el cabrón se da cuenta enseguida se la pasa a otro y de lo contrario, pasará a la larga fila de los tronados.
-Exacto, no creo que seas muy bruto, veo que aprendes con facilidad y te repito, algún día me lo agradecerás. Esto no se aprende en la escuela, allá solo mierditas de marxismo y esas boberías, el juego duro está aquí en la calle y no creo que después de los vacilones que se viven en este giro quieras ser un mártir más.
-Claro que comprendí, el lío de los melones pasó a manos de ese guajiro que es Capitán.
-Por supuesto, quién lo manda a ser tan animal, pero no sufras por ello porque ya salimos de esa candela, ¡chofer!
-¡Ordene, camarada!
-Vámonos hasta el hotel Colony, necesito despejar un poco después de esta agotadora jornada.
-Como usted diga, camarada. Cruzaron unas sonrisas entre el Primer Secretario y su ayudante.
-Argudín, vamos a prepararnos para recibir un embarque de melones para La Habana.
-¿Cómo vendrán esos melones?
-A granel.
-¿Cómo que a granel?
-Como lo oye, esta es una tarea de choque del Partido y nosotros somos los asignados para cumplirla.
-Coño Capitán, ¿usted sabe lo que dice?
-Argudín, no se hable más, dentro de unos minutos comenzarán a llegar los camiones con las frutas. El Primer Oficial era el responsable de los cálculos para cargar al buque, no replicó las órdenes de su Capitán y se dirigió a cubierta para impartirle orientaciones al contramaestre.
Dos días después, partían del puerto de Nueva Gerona hacia el puerto de La Habana, la nave iba cargada de melones hasta la altura de las bocas de escotillas. Era una norma a bordo de los buques tomar sondas de las sentinas de bodegas dos veces al día, una en horas de la mañana y la otra en la tarde. Antes de terminar las faenas en cubierta y cumpliendo con esta obligación, el pañolero detectó un metro de agua en las bodegas. Muy asustado repitió la operación para comprobar si se había equivocado, pero la marca señalada en la sonda se mantenía y alarmado subió corriendo escaleras arriba hasta el puente para informarlo al Primer Oficial.
-Oye Argudín, creo que nos estamos jodiendo, las bodegas tienen un metro de agua.
-¿Estás seguro de lo que dices
-Por supuesto, tomé las sondas en dos oportunidades para salir de dudas.
-Muy bién, quédate por aquí un momento. Descolgó el teléfono y marcó el número del camarote del Capitán. -¡Oiga, Capitán! Estamos haciendo agua y las bodegas tienen un metro de sonda. No pasaron quince segundos, Eleuterio muy asustado se presentó en el puente.
-¿Cuándo fué que se dieron cuenta?
-Hace solo unos minutos que el pañolero trajo las sondas.
-Dile que las repita inmediatamente. Argudín le hizo una señal al hombre que se mantenía a la escucha en el alerón del puente y éste salió disparado a cumplir la misión encomendada. Desde arriba, Argudín y el Capitán seguían todos los movimientos del pañolerp sobre cubierta, al finalizar su trabajo se acercó a la superestructura e inclinando la cabeza hacia arriba gritó a viva voz.
-¡Tienen dos metros! Terminando de pronunciar estas palabras se oyeron por los sistemas de alarma del buque las señales de zafarrancho de abandono. Unos minutos después, la tripulación estaba formada con los chalecos salvavidas en la cubierta de botes a babor y estribor. Los oficiales pasaban lista de sus tripulantes para comprobar si estaban completos, llegaron un poco atrasados los cocineros y camareros, y el radiotelegrafísta con la estación portátil de radio. Una vez listos, el Capitán dio la orden de desenfundar los botes y prepararlos para su arrío. La tripulación pensaba tratarse de una rutinaria maniobra, al notar la seriedad de la situación comenzó a preocuparse y algunos pidieron permiso para ir hasta el camarote a recoger alguna ropa. Permiso negado ante las protestas de los marinos que alegaban, era la única muda de ropa que poseían y ya no les tocaba ninguna otra por la libreta. El Capitán llamó al telegrafista y al Primer Oficial al puente.
-Telegrafista, transmite la señal de S.O.S y deja encendido el equipo automático de socorro, Argudín manda esta señal por radiofonía.
-¿Capitán por qué no analizamos la situación antes de abandonar el barco.
-Porque con dos metros de agua en las bodegas no tenemos mucho tiempo para ello.
-Pero debemos hacer lo imposible para salvar a la nave.
-Argudín no hay tiempo para analizar ni discutir, solo te voy a decir una cosa compay, yo no me hundo con esta mierda.
-¡Pues fíjese!, yo no abandonaré el barco hasta estar seguro de que se esté hundiendo.
-Ese es tu problema, porque ahora mismo estoy mandando a arriar los botes.
-¡Por favor Capitán, hagamos una cosa!
-¿Qué es lo que se te ocurre ahora?
-Mande a tomar otra sonda a las bodegas, después, yo bajaré con usted en el bote para comprobar si ha existido alguna alteración en los calados.
-Bueno hagámoslo, pero te seguro que si la sonda aumentó, yo me largo con la gente en los botes.
-Por favor, compréndame. Si los calados no han variado no ha existido alteración en el desplazamiento del buque.
-Yo te entiendo pero de todas maneras me largo con la tripulación. La realidad era otra, el infeliz guajiro no comprendía nada de lo que deseaba hacerle razonar su Primer Oficial. En el corto entrenamiento que había recibido no le explicaron nada de estabilidad. Todo se realizó como lo había pedido Argudín, pero la sonda indicaba que la bodega tenía dos metros y medio de agua. Se dio la orden de bajar los botes y a bordo de uno de ellos, el Primer Oficial comprobó que los calados se mantenían inalterados y por esa razón decidió embarcar de nuevo.
La noticia cayó como una bomba en la Empresa Nacional de Cabotaje, luego se informó al Comité Central del Partido. El villano, como siempre hizo, acusaba a los EU de haber perpetrado otra agresión contra el pueblo. Los sindicatos organizaron manifestaciones frente a la antigua embajada americana y la televisión nacional transmitia conmovedoras imágenes de familiares de los supuestos mártires. Niños inocentes que lloraban y acusaban a los americanos de asesinos, casas que eran invadidas por los dirigentes de cada zona para darles muestras de solidaridad a las familias. Se movilizó a las Fuerzas Armadas en todo el territorio nacional, la fuerza aérea dio inicio a una intensa búsqueda. El villano dirigía personalmente todas las operaciones desde su puesto de mando y cada hora daba una conferencia de prensa. En el puerto de Nueva Gerona, el Primer Secretario del Partido convocó a una multitudinaria manifestación de protesta por tamaño crimen, el generoso pueblo arrojaba coronas de flores al río.
Cuando todo esto sucedía, los botes salvavidas del buque no paraban de dar máquina en demanda de la costa más cercana dirigidos por su gran Capitán. El combustible estaba llegando a su fin y comenzaba a caer la noche. La figura de su nave se había perdido en el horizonte y después de tantas horas de navegar sin saber para donde, porque ambos botes carecían de brújulas y el que mandaba no tenía conocimientos para orientarse.
En el barco, Argudín permanecía aferrado a la cubierta principal y con la ayuda de linternas tomaba sondas de las bodegas cada una hora. Llegó el momento donde el nivel de las aguas se mantuvo constantes y en una de esas sondas se le ocurrió pasarle la lengua a la parte mojada. Confirmó lo que tanto había sospechado, aquel líquido era el jugo de los melones que habían reventado a los de abajo por el peso. Se dirigió a la cocina, comió y después de colocar algunas lámparas de kerosene con las señales de buque al garete, cayó rendido de sueño en el sofá del puente.
Los marinos comenzaron a pedir algo de alimento después de doce horas en ayuno, cuando el Capitán ordenó abrir los depósitos que poseen los botes para estos fines, descubrieron que todos estaban vacíos. Al preguntarle al Tercer Oficial sobre esta situación que era parte de su responsabilidad, le contestó que hacía más de dos años la empresa no le suministraba alimentos para los botes.
-Bueno caballeros, aguanten como si fueran hombres, al menos tenemos agua y si nos falta la comida es por culpa de los americanos y su cabrón bloqueo. Cuando terminó esas palabras alguién aprovechando la oscuridad le sonó una trompetilla.
-Ese que hizo eso es un contrarrevolucionario. Le sonaron otra más acompañada de risas y burlas por parte de los tripulantes del otro bote, prefirió guardar silencio.
El país se mantenía acuartelado en son de guerra, sin embargo y respondiendo una costumbre oficial, el villano ordenó le repartieran televisores a colores a los familiares de los mártires acompañados de un mensaje de su jefe. En un costado de la embajada americana se construyó una tribuna por donde pasaron cientos de oradores de forma ininterrumpida durante las veinticuatro horas del día. Todos pedían la liberación de los marinos secuestrados o devolución de sus cadáveres, se convocó a una marcha del pueblo combatiente a lo largo de todo el malecón.
En horas de la tarde del día siguiente, aviones de la fuerza aérea reportaron la posición de los botes a la deriva y horas más tarde todos los tripulantes eran rescatados por unidades de la marina de guerra. Un día después, el barco fue remolcado con Argudín a bordo por una nave de Isla Cocodrilo y las autoridades le brindó atención a este Oficial que se negaba a realizar cualquier tipo de declaración. En la habitación donde lo habían albergado pudo ver por la televisión como el Capitán Eleuterio y los tripulantes eran condecorados por el dueño de la isla, aquello le produjo gracia.
En la intimidad del Comité Central y durante un encuentro con el villano, se supo la verdad de lo acontecido en todo lo relacionado con la nave, pero ya era tarde para dar marcha atrás.
-Ramiro, no podemos retroceder y nosotros necesitamos de estos actos para mantener en alto el espiritu revolucionario de nuestro pueblo, pero sí te ordeno una cosa.
-¡Ordene, Comandante! Contestó Ramirito su viejo y fiel servidor.
-Mañana pasas por la casa de todos estos mequetrefes y recoges los televisores, refrigeradores y las motos que les repartimos.
-¿Y qué hacemos con el otro sobreviviente?
-A ese me lo mandas bien lejos, donde nadie lo conozca y que lleve también otro nombre. A partir de ahora tendremos que aprender a convivir con un nuevo héroe, el Capitán Water Melon.
El Capitán Water Melon es un personaje real que existió en nuestra Marina Mercante, conocido con este apodo por haber cargado melones a granel y reportar que el barco se estaba hundiendo. Water no es más que parte de la historia de un pueblo que fue dirigido y destruido por miles de melones como él, obviamente esto es una versión libre. Colorín, colorao, este cuento se a terminao.
Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canada.
29-07-1999
MAY


