Su enrolo a bordo del buque refrigerado “Viñales” causó cierta preocupación entre la oficialidad, no era un pasajero común y corriente como la pianista que compartiría ese viaje con ellos, López lo hacía con su esposa. La desconfianza hizo acto de presencia desde que subió las maletas en el puerto pesquero de La Habana, su carta de presentación no convencía a la mayoría. Dijo que iría en un viaje de estímulo otorgado con motivo de su jubilación, era aceptable aquella versión, años atrás yo había sido testigo de un caso similar, el viaje sin regreso del enfermero Castañeda con su esposa en el “Bahía de Manzanillo”.

-Tengo orientaciones de realizarle evaluaciones técnicas a la oficialidad de cubierta durante la travesía. Expresó cuando abrí el camarote que se le había asignado en la misma cubierta del capitán, su esposa no hablaba, sus ojos de inspectora sanitaria recorrían cada rincón buscando alguna señal de suciedad.
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Hola amigos.-
En el día de hoy, 14 de Febrero del 2009, fecha utilizada en muchos países para celebrar el día del amor y la amistad, nace “FARO DE RECALADA”. Este espacio, pretende agrupar en su seno a todos los marinos cubanos dispersos por el mundo sin distinguir generaciones. Será ese punto de recalada tan necesario entre viejos y nuevos navegantes, donde nuestros tripulantes compartan sus experiencias y sirva de paso para la construcción de nuestra rica historia naval, hoy condenada al ostracismo.
FARO DE RECALADA será un lugar donde se alimente la amistad y solidaridad tan distinguida entre los verdaderos hombres de mar, virtudes que se compartirán sin condiciones con todos aquellos amigos, estudiosos y personas que nos visiten.
Los invitamos a que se enrolen en esta aventura con sabor a mar y vayan conociendo esas historias que irán apareciendo y permanecen condenadas al olvido. El foro se encuentra aún en construcción, pero ya pueden participar.
¡FULL, AVANTE! ¡CONTRAMAESTRE, PONGA EL BUQUE A SON DE MAR!
Les deseamos de todo corazón un feliz San Valentín.
Junta de Oficiales.
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-¿Dónde aprendiste a hablar francés? Se sintió algo emboscado con mi inesperada pregunta y se tomó un tiempo relativamente largo en responder. No quise presionarlo mientras continuaba observándolo con el rabillo del ojo y el rostro dirigido hacia el muelle. Creo que lo puse en dificultades, pensé, tal vez había deseado mantener aquel secreto ante la tripulación. Lo descubrí accidentalmente mientras cargábamos en Le Havre y yo me dirigía hasta el pañol de proa en busca de un estrobo para lingar madera. Mantenía una conversación fluida con un estibador y la interrumpió bruscamente cuando se percató de mi presencia, su acento era diferente a la lengua que se hablaba en la calle, algo rudo y sin revolcar las erres para que lleguen cansadas o tiernas a tu oído.

La gente se encontraba desayunando y disponía de pocos minutos para obtener aquella respuesta, después subirían hasta la popa a gastar el tiempo restante entre chistes y cuentos mientras esperaban las ocho de la mañana para comenzar la faena. Yo sabía que lo había presionado demasiado, la curiosidad me exigía mucha prudencia y paciencia, debía concederle todo el tiempo del mundo.
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Aquella larga pitada tuvo un especial significado en mi vida, me estremeció como ninguna y mis ojos se desviaron inmediatamente hacia la coqueta ciudad. La consumí con avaricia y guardaba cada detalle de ella como hojitas cuidadosamente dobladas en los archivos de mi mente, como un secreto que nunca se quiere revelar, como temiendo perderla alguna vez. Con el tiempo aprendí a diferenciar las pitadas y conocí sus significados, pero solo dos lograban erizar cada molécula de mi cuerpo, las de salida y entrada a La Habana. Fui recorriendo hambriento todo el muro del malecón y me detuve frente al parque de Maceo. ¡Qué distinto se ve desde aquí! Es tan bello como en mi infancia.
El mar lograba limpiar las pestes de una ciudad que luchaba por no morir ante la indiferencia de sus habitantes, se perdían los tanques de basura desbordados que diariamente tratábamos de esquivar junto a la parada de la guagua. Se evaporaban los humos que nos asfixiaban y no se escuchaba la radio del vecino con aquella música que hace danzar a un paralítico. El buque dio dos pitadas cortas y comenzó a cambiar su rumbo a estribor, los edificios comenzaron a moverse hacia popa. Lentamente se esfumaban los gemidos que llegaban desde cualquier ventana de una ciudad promiscua y caliente, activa y apasionada, sexualmente alardosa, hipócrita y traidora. Cautivadoramente exagerada, asombrosamente hambrienta y satisfecha, experta devoradora de hombres y mujeres entre sus piernas. El ombligo de ese mundo tan absurdo y peculiar como el cubano, muy tramposo. Se estremecieron todos los palos del barco y una densa humareda escapó protestando por su chimenea.
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