-¡Coño, compadre! Hacía tiempo que no nos veíamos. ¿Qué es de tu vida? Aquella alegría no era fingida y ambos la manifestamos con un fuerte apretón de manos. Nunca se reía con toda la boca abierta y tenía una magnífica dentadura de la que podía presumir. Aquel enorme bigote que casi siempre descansaba sobre sus labios había sido recortado un poco, tiempo atrás parecía un charro mexicano.

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