Escorado es el Diario de Bitácora de muchos sueños, el testimonio de un joven, casi niño, que creció con los golpes de campanas de cada grillete fondeado o cobrado por el molinete. Es una pitada larga que estremece a la salida del Morro de La Habana, una vida que se detiene al partir y que se goza desenfrenadamente al regresar. Entre orgías y borracheras, el autor nunca pudo excomulgar sus sentimientos criollos ante las desgracias de su tierra. Se mantienen atadas a su alma como las planchas de cualquier casco que desafía tempestades y siente la obligación de sacarlas desde lo más profundo de sus bodegas para que nunca se olviden. Un pueblo sin memoria es igual a un pueblo sin historia, cuando eso ocurre, todo tiende a repetirse. Solo pretendo salvar aquella parte de la historia donde yo fui uno de sus protagonistas. Lo hago sin miedos, pudor, vergüenza, arrepentimientos, me desnudo en cada página. Fue lo que me tocó vivir y dejo como legado a los nietos de mi tierra.


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Estoy escorado a estribor, siempre lo estuve. No quiero saber de babor (la izquierda}, no por ello soy ciego o fanático. La posibilidad de visitar cuarenta y nueve países a bordo de nuestras naves, me concedió el privilegio negado a los míos, pude establecer comparaciones, nada es perfecto y el paraíso no existe.

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A pesar de que los tentáculos de nuestro sistema viajaron con nosotros por todos los mares y océanos, el mar me ofreció siempre la posibilidad de pensar y sentirme un hombre libre.

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Solo he perdido algo en mi destierro, escuchar el murmullo de las olas, vivir alejado del olor a marisma, perder el contacto con las mareas, gaviotas y delfines. Extraño las olas que una vez me hicieron temblar de miedo, un rompeolas, un bar, el contrabando y aquellas vaginas olorosas que se perdían entre discos y tragos.


El destino mezcla las cartas, y nosotros jugamos.–Arthur Schopenhauer

Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen.–Albert Schweitzer

La libertad, querido Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad se puede y debe aventurar la vida–Miguel de Cervantes Saavedra

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