Con mucho cariño a Manuel Balsa Larrinaga (Manolito)

Dicen que cuando se para junto a la ventana su mirada viaja perdida entre las olas, como tratando de descifrar ese inquieto coqueteo de colores. Sus pupilas se contraen y dilatan constantemente en ese enfermizo manoseo donde insiste en atrapar algo y no puede. Después, se escuchan unos gemidos casi infantiles, imperceptibles para quienes lo rodean y se mantienen concentrados en una pequeña pantalla, indiferente para quienes se identifican con la trama de lo que ocurre solamente entre transistores.
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-¡Práctico-Habana, aquí la motonave Otto Parellada que te llama! Un molesto ruido, interferencias producidas por ondas parásitas invadió el receptor, el capitán le bajó el volumen y esperó por la respuesta. Varios minutos después repitió la solicitud de comunicación, pero esta vez decidió ahorrar palabras. –¡Práctico-Habana, Otto que te llama! Haló la silla que tenía designada en el puente y la acomodó junto al equipo de V.H.F. Ya sabía que debía estar armado de mucha paciencia cuando de comunicaciones se tratara con cualquier punto de la isla, todos eran impredecibles, sorprendentes, inoportunamente descuidados.

–¡Pongan media avante! Ordenó sin quitarle la mirada al equipo de radio y Amador corrió hasta el telégrafo para trasmitir la orden a máquinas. Los walkie-talkies de los oficiales se encontraban acomodados sobre la mesa de ploteo, habían sido revisados y comprobado su funcionamiento.
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…♫ Por el amor de una mujer, jugué con fuego sin saber, que era yo quien me quemaba ♫…

M/N “Jiguaní” Donde navegamos juntos El Ñato y yo
Su voz era melodiosa, muy pegajosa, como la de cualquier criollo trovador. No era improvisado tampoco, una parte de su vida había transcurrido sobre los tinglados de vulgares escenarios, tabernas atestadas de borrachos escandalosos, putas trasnochadas y quién sabe cuánta gente extraña de nuestra aburrida fauna. Tocaba la guitarra con la elegancia de cualquier clásico maestro que nunca conoció la gloria, solo se revolcó con Gloria sin mirar hacia delante, hasta que el manantial de los espermatozoides se viera afectado por esa sequía que molesta tanto y quieren combatirla con una píldora azul. Entonces, con la voz menguada por el humo de cigarrillos y los ataques de aguardientes baratos, recordó que la vida debía continuar mucho más allá de los surcos dibujados en su rostro y aquella caída del cabello producida por un irreparable otoño. Poca voz y una figura más triste que la del legendario caballero español que luchó contra molinos, la marina pudo ser aquel aro salvavidas del que se agarró ante un inminente naufragio.
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-Si acaso observan una rajadura en el casco del barco, el procedimiento a seguir consiste en taladrar un pequeño orificio en cada extremo de la grieta detectada…

Se detuvo con la intención de coordinar las ideas que deseaba expresar ante aquel grupo de hombres, cuya fama lograba extremar su miedo escénico. Sudaba copiosamente, partía con frecuencia las tizas cuando trataba de escribir o dibujar algo en la pizarra y el borrador salió disparado en varias ocasiones. Por las amplias ventanas del aula corría una refrescante brisa que nos llegaba sin interrupción desde el Estrecho de la Florida, pudo haber sido la antesala de un frente frío que nos obligaba a sacar los viejos trapos que rotaban cada invierno. Él era el único que se empeñaba en sudar, gruesas gotas descendían a toda velocidad desde la extensión de su frente y se desprendían de su cuerpo en la punta de su nariz después de una cómica despedida. Sacaba el pañuelo y lo frotaba por todo el rostro con el estilo de los guapos, casi siempre cubriendo los labios y fingiendo decir algo, insinuar, amenazar, imponer temor. Los muchachos no se preocuparon mucho por aquellas familiares señales, insistían en permanecer silenciosos y observadores, medían cada uno de sus pasos a lo ancho de la pizarra, seguían con atención el recorrido de los pedazos de tizas caídos mientras el profesor esperaba por el ataque, ya había sido advertido con anterioridad. Aquella tensa calma y ese silencio solo roto por el choque del viento con las viejas persianas lo desesperaban, estaba a punto de reventar.
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El tiempo de los barcos buenos fue muy corto, yo solo agarré un pedacito. Llegabas en la lancha cuando el buque se encontraba fondeado y allí estaba esperándote un buen desayuno. Trabajabas con fuerzas, deseos, interés, te preocupabas por mantener lindo al barco que siempre consideraste como tuyo. Poco importaba que arribaran el día anterior del extranjero ni que el viaje durara seis meses, después de aquel fuerte desayuno te preparabas para bajar en la balsa y darle mantenimiento al casco. Los de máquinas continuaban con su plan, limpieza de cámaras de barrido, sustitución de camisas o pistones, etc.

La vida continuaba como si nada hubiera ocurrido, luego, te dabas un bañito y pasabas al comedor donde te esperaba un no menos agradable almuerzo. ¡Qué tiempos aquellos! Aquellos donde daba gusto sentarse a la mesa porque los mayordomos eran mayordomos leídos y escribidos. ¡Hasta los camareros! Estos personajes pasaban sus cursillos en el hotel Sevilla, no eran improvisados tampoco, como ocurrió cuando los barcos se convirtieron en malos.
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Hola amigos…
Estamos recibiendo información en el Foro Naval Cubano “Faro de Recalada“ , sobre la dramática situación que está pasando una tripulación cubana en Gabón. Ningún medio de prensa se ha hecho eco de esta noticia que nos piden encarecidamente difundamos con el fin de ayudarlos.
Aquí les envío alguna información sobre esa nave acompañadas de fotografías y los mensajes recibido por un ex marino cubano. Les pedimos de favor que las difundan también.
Un abrazo.. – Esteban Casañas Lostal

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Iba colocando cuidadosamente cada hoja del periódico alrededor de mis piernas, luego continuaría por los muslos y terminaría forrando todo el pecho y la espalda antes de ponerme definitivamente la ropa. El Bicho había pasado y no tardaría en regresar, como el buque no tenía intercomunicadores, él era el encargado de despertarnos a todos. Abría la puerta y solía decir: ¡Ocupando puestos de maniobra! ¡Ocupando puestos de maniobra! Después, dejaba la puerta abierta de par en par para que el ruido de las plantas y el asfixiante carbono que siempre rondaba vigilante por los pasillos terminaran de despertarnos. El triste vaho a tabaco rancio que despedía cuando abría la boca, era probablemente más desagradable que todo el olor a combustible quemado del mundo, pero ya nos habíamos acostumbrado.

Manso se encontraba en el timón, era afortunado, casi todas las maniobras coincidían con sus guardias. Al menos, dejaba espacio para vestirme con comodidad en aquel reducido camarote. Los periódicos próximos al tobillo los sujetaba con el tercer par de medias que me ponía, ninguna de ellas eran las apropiadas para enfrentar ese frío traicionero que velaba nuestra salida a cubierta. Me puse el par de botas que recibí en el almacén de la empresa, estaban forradas con piel de conejo y tenían zipper. Eran algo bonitas, pero no dejaron de ser la razón del choteo de los viejos marinos, las suelas eran lizas y esponjosas. Es muy probable que el creador de aquellas piezas haya sido premiado con algo, un diploma, una medalla, una semana en la playa. Algún premio debió recibir como estímulo, ahora me tocaba probar el fruto de su inventiva “revolucionaria” con el fin de no dejar escapar divisas hacia el extranjero. ¡Ocupando puestos de maniobra! ¡Saliendo! ¡Saliendo! ¡Saliendo! El olor a café recién colado pudo vencer la atmósfera viciada, suerte que la cocina se encontraba a popa de nuestros camarotes en la misma cubierta, El Bicho había encendido su inseparable mocho de tabaco.
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Fue una de esas tardes bochornosas de Santiago la última vez que compartimos, la puerta de su casa permanecía abierta de par en par, mostraba con indiferencia y descaro todas sus miserias. La sala era bastante amplia para los pocos muebles, los mismos que tal vez pertenecieron a su abuelo, no recuerdo exactamente si eran de mimbre. Junto a mi butaca y sobre el piso, un vaso a medias de Paticruzao sin hielo, como lo bebían allá, puro strike. Piri no bebía desde hacía mucho tiempo, la salud no se lo permitía, me dijo que se había convertido en una olla de presión a punto de explotar. Hablábamos de cosas sin importancia, nada lo era y todo nos inquietaba, lo hacíamos muy mal, tal vez bien, quién pudiera saberlo, nos cuidábamos de las paredes con orejas. Nuestra conversación era un susurro muchas veces interrumpido por la gritería de sus hijos, eran varios, no recuerdo cuantos.

Motonave "Moncada"
Al fondo de aquella sala se empinaba una rústica escalera de madera, muy mal trabajada. Algunas de sus tablas conservaban viejos letreros, varias de ellas escritas en el alfabeto cirílico, otras en chino. Pude leer una que decía claramente, como si fuera el título de una película: “Carne en conserva”. Unos pasos antes de llegar a la cima, existía otro pedazo de tabla que decía: “Made in U.R.S…”
Yo sabía, todos sabíamos desde dónde había viajado aquel pedazo de madera, pero el serrucho eliminó la última S para dar entrada a una puerta. No era una puerta en el sentido correcto de la palabra, parecía la entrada de una cueva. Luego me contó con orgullo exagerado, sano, casi infantil, que en aquella barbacoa artesanal dormían sus “Chivos”. Estábamos enrolados en el buque Moncada, yo como Primer Oficial y él como camarotero, pero nos conocíamos desde hacía muchos años.
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El remolcador se estremeció con movimientos casi telúricos cuando su máquina aplicó todas las revoluciones en marcha invertida, comenzó a separarse del casco mientras algunas andanadas de un humo negro muy denso invadieron el portalón. Los curiosos corrieron hacia popa para escapar de él, pero el viento era mucho más rápido y los atrapó. Virutas de hollín se mantuvieron flotando algunos segundos, lo hacían separados del pesado humo que recorría el pasillo en dirección a la popa. Luego, caían sobre cubierta mezclados con los copos de nieve que volaban desorganizadamente, como si el viento las golpeara desde diferentes direcciones. Finalmente, formaban una fina y exótica nata muy blanca, un manto de terciopelo inmaculado manchado de lunares negros. Los copos que caían en el mar desaparecían rápidamente con la turbulencia de las aguas provocadas por la marcha del remolcador, todos los seguían con la mirada. Las nevadas eran espectáculos extraordinarios que disfrutaban muy pocas veces en sus vidas y cada copo silencioso iba componiendo las notas de una bella sinfonía para sordos, como sus vidas.

Najodka
-¡Tiemplen por nosotros! Alguien gritó desde el portalón y retumbó en la espalda del último marino en entrar y cerrar la puerta del pequeño saloncito dispuesto para los pasajeros de aquel remolcador. ¿Templar? Una meta, una idea, un destino, un fin, el significado de una vida, el sentido de una vaga existencia, la razón de ser y vivir. Encima de una pequeña mesita fija al piso por rústicos tornillos y de una sola pata, dos ceniceros repletos de colillas malolientes. Un calefactor portátil que apenas lograba mantener tibio el local, un cuadro a relieve de Lenin colgaba junto a un mural repleto de hojitas con notas y dos o tres fotografías en blanco y negro. Deben ser resúmenes de los chequeos de emulación, orientaciones, directivas, amenazas veladas, pensó Medina cuando sus ojos chocaron con ellas. Los marineros del remolcador se quitaron sus chubasqueros y los colgaron en unos ganchos dispuestos junto a la puerta, después, desaparecieron por una puertecita que conducía al puente de mando.
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Escribiendo sobre la muerte de Francisco Montalvo Peñalver, quien fuera despedido con altos honores y sepultado en el panteón exclusivo de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana. Según nota aparecida en el diario gubernamental Granma y la página de Internet de la estación Radio Habana Cuba, tuve que detenerme ante ciertas inexactitudes encontradas en la información ofrecida al público. Esa repentina curiosidad, me condujo a una búsqueda casi enfermiza sobre las noticias que debieron cubrir aquel acontecimiento que convirtiera a Pancho en un héroe, no solo a él, los únicos dos tripulantes que navegaban en ese buque bajo la condición de “simples”, fueron convertidos en militantes gracias a la varita mágica del principal mago de la isla. Debemos remontarnos entonces hasta esos tiempos, pero no sin antes ofrecerles el párrafo que despertara mi interés por lo ocurrido al buque “Hermann”.

…Justino Rodríguez Ramírez evocó que durante el artero ataque terrorista su compañero enfiló el timón del barco hacia una torre de petróleo para no dejarse capturar por unos yanquis arrogantes y cobardes que dispararon a mansalva contra una embarcación pequeña y desarmada… (Nota aparecida en la página de Radio Habana Cuba)
¿Cuál era la escenografía del momento en este conocido teatro cubano? (más…)