Yo sabía que el viaje iba a ser malo antes de abandonar el último faro de la isla, no era predicción, era el resultado de la experiencia adquirida durante tantos años. Los pocos momentos de felicidad que podían existir en un barco, eran los tres instantes que nos sentábamos a la mesa del comedor. Momentos cada día más reducidos en la medida que hasta nuestras gambuzas, llegaban los efectos desastrosos de lo que sucedía en el país.

Durante nuestra estadía en La Habana, el sobrecargo no gestionó el abastecimiento del buque, era probable que el almacén de CUBALSE estuviera flojo de mercancías para que no lo hiciera. Pudo ser también que las cosas salieran mal en su cuadre con los despachadores. Era muy normal que parte de aquellos víveres tomaran otro rumbo distinto al del barco, casi siempre arribaban con faltantes que desembarcaban en las casas del sobrecargo, el capitán, el chofer, y hasta la del administrador de la empresa proveedora. Pudo haber sido otra la causa, como nos explicara a mitad del viaje el sobrecargo, que en oportunidades, los proveedores de Camagüey se encontraban mejor surtidos que los de la capital. Razón que tampoco dejaba sin efecto lo relacionado al hurto, pero en esta ocasión le fallaron los cálculos y partimos escasos de comida en un viaje para Túnez. (más…)

¿Cabrón? Dicen los cubanos cuando se refieren al tipo que se las sabe todas, al timador, vividor, chulo, inteligente. A un legítimo cabrón nadie lo jode, él lo hace con los demás. Hay cabrones y cabrones, no podemos confundirnos, esa palabra cambió mucho cuando desapareció el machismo y se esfumaron los machos. Un buen cabrón de mis tiempos militaba en el partido y se colaba por el hueco de una aguja. Ascendía como la espuma y nunca tenía problemas para introducir su contrabando. En realidad no se podía hablar de tal cosa, sus mercancías salían en cajas debidamente acuñadas por la aduana y con ella salpicaba a todo el mundo. ¿Cabrón? Bueno, también le decían así al que le pegaban los cuernos, pero no tanto, la gente prefería llamarlo “tarrúo”, es que suena más cubano.
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Una vez concluida las operaciones de carga de arroz en el puerto de Sirachá en Thailandia, recibimos la orden de dirigirnos hasta Bombay en la India con el propósito de cargar unos 150 barriles de un producto que hacía peligrar la zafra azucarera. Era ilógico mover a un barco que consumía alrededor de 35 toneladas diarias de combustibles por esa insignificante cantidad de carga, pero todo indicaba que la situación en los centrales azucareros del país era crítica, debido la falta del mencionado producto utilizado en la elaboración del azúcar. Asimismo, recibimos la orden de evadir el paso por el Canal de Suez, existía temor de que el barco fuera detenido por demandas de acreedores a los cuales Cuba les debía fuertes sumas de dinero. La orden era darle la vuelta al mundo por Sudáfrica a toda máquina, lo que representaba también un incremento en el consumo del combustible y éste sería de unas 38 toneladas diarias.
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Pedimos a todas las personas e instituciones defensoras de los derechos civiles en el mundo que contribuyan, y llamamos al gobierno cubano a:
-Liberar a los presos políticos en Cuba
-Levantar las prohibiciones que impiden a los cubanos entrar (a) y salir de su país
-Levantar las prohibiciones de acceso a Internet para los cubanos:
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We ask all persons and institutions defenders of civil rights in the world that they contribute to this mobilization, and we call the Cuban government to:
- Liberate the political prisoners.
- Abolish the interdictions which prevent the Cubans from entering and leave of their country.
- Abolish the interdictions of access in Internet for the Cubans:
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Nous demandons à toutes les personnes et institutions défenseurs des droits civils dans le monde qu’ils contribuent à cette mobilisation, et nous appelons le gouvernement cubain à :
- Libérer les prisonniers politiques.
- Supprimer les interdictions qui empêchent les cubains d’entrer et de sortir de leur pays.
- Supprimer les interdictions d’accès à Internet pour les cubains:
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Enrolo.-
Ciento cincuenta dólares mensuales eran una tentación allí, donde el pago mensual en divisas se había detenido por años en dos dólares diarios. Tampoco era una posibilidad al alcance de todos, ese privilegio era gozado por un selecto grupo de pícaros y cabronzuelos muy bien enlazados con la corrupta administración de la Empresa. Ser llamado para disfrutar de esas ventajas sin pertenecer al equipo “Cuba”, como le llamábamos comúnmente a esa piña con organización casi mafiosa, me tomó por sorpresa y convirtió mis pensamientos, reflejados en ambas pupilas, como un fosforescente símbolo de dólares.
Esa noche no dormí, multiplicaba ciento cincuenta por meses y el resultado era un bulto enorme de soluciones a los problemas que diariamente nos agobiaban. Tenía todos mis documentos en regla y releía constantemente la hoja de enrolo. Nunca imaginé el final de mi destino y asociaba al buque “Casablanca” con cualquiera de aquellos que poseían bandera de conveniencia en esos tiempos, quizás me pasó por la mente fuera un SD-14, no recuerdo.
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El pasado día 10 de Marzo se cumplió el décimo cuarto aniversario de la desaparición de la motonave Guantánamo, un buque cubano de pequeño porte que se llevó a las profundidades del Atlántico a veinticinco de nuestros antiguos compañeros de trabajo. Poco o casi nada se ha escrito sobre esa tragedia, las autoridades cubanas han preferido mantener hermetismo sobre esta desgracia sin parangón en la historia de la marina mercante cubana. Años atrás y motivado por sentimientos de solidaridad con las víctimas, algunas de las cuales navegaron conmigo en otros barcos, escribí dos artículos bajo la presión de las pasiones y la ira que me embargaba. Hoy deseo apelar a la serenidad y analizar con un prisma diferente algunos detalles que pudieron conducir a esa desventura.

En la medida que me remonto a esos tiempos y acudo a la escasa información existente en todo el Internet, me llegan a la mente varias preguntas que trataré de ir respondiendo. La verdad sobre ese accidente, cuya omisión nos conduce a un crimen consumado, aparecerá el día que se abra esa caja de Pandora que se llama “revolución”.
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En memoria de Manuel Tapia Dorticós.

El truco del hacha contra incendio alzada con una postura desafiante y amenazadora no había fallado aquella vez. Justo retrocedió a tiempo y se retractó de cualquier mal propósito, ese fue el último día de su guapería a bordo. Tampoco era un acto de magia, los tiempos que corrían eran diferentes a los de ahora, la gente no apelaba tanto a una reunión para resolver sus diferencias. Los puños llevaban la voz y el débil o timorato debía someterse a la voluntad de los que se imponían por la fuerza. Para mandar siempre se ha requerido un par de bolas que cuelgan ocultas debajo de los pantalones, hay que saber usarlas y apelar a ellas en casos de urgencia, muchos no lo comprendieron.
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-Atardecer en Cota Mil.
Tercera parte y final
En La Habana traté de reorganizar mis ideas y volver a situarme en el presente que estaba viviendo, la presencia de mi joven y adorable esposa acompañada de mi pequeño hijo, me ayudaron a soportar aquel duro golpe. Era casado y se lo había ocultado a Marianela, ella me preguntó una vez por esto y luego no insistió. Le mentí si, pero lo hice por amor y por amor se realizan actos increíbles, por amor se roba y se mata por ejemplo, yo solo mentí para defenderlo porque estaba realmente enamorado y de ello no tengo la menor culpa, nadie sabe cuando llega, ni nadie está preparado para rechazarlo. Mi esposa no se dio cuenta de aquella situación y nuestras vidas siguieron su cauce.
Uno de esos días en que me dirigía al buque para realizar una de mis guardias, al llegar al portalón me informaron que el Capitán quería verme con urgencia, razón por la que fui directamente a su camarote.
-Hay tres compañeros esperándote en el camarote.- Me dijo con desacostumbrada seriedad.
-¿En mi camarote?- Pregunté sorprendido y él supo a qué me refería.
-Si, yo lo abrí con la llave maestra.-
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-Vista de la Cota Mil, Caracas, Venezuela.
Segunda parte
El hombre del LTD rojo resultó ser un ingeniero de una refinería en Puerto Cabello, no recuerdo si de la Mobil Oil y al llegar a su casa y presentarnos a su familia, puso a su esposa a freír tostones y chicharrones de puerco mientras colocaba al lado de Río una caja entera de ron Cacique, me dio por pensar que se había jodido el viaje a Caracas en cuanto Río probara el ron. Después de la cuarta botella vacía llamé a Caracas y hablé con la chica, ella prometió que me esperaría a cualquier hora que llegara, calculé que sería para las nueve de la noche aproximadamente y así fue.
Nada fácil separar a Río de aquellas botellas pero gracias a Dios me lo pude llevar, algo muy curioso y que me puso en estado de alerta nos sucedió entre botella y botella, aquel hombre se identificó rápidamente como una persona de ideas izquierdistas y simpatizante de la revolución cubana, eso no me asombró y ya estaba acostumbrado a oírlo, pero en medio de esos tragos, se ofreció a entregarme documentos secretos de la refinería para hacerla llegar a Cuba. Nada de eso me gustó y le respondí que éramos simplemente marinos mercantes, que debía buscar otra vía más segura para hacer llegar esos documentos.
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