…El cielo silencioso, necesitó de las entrañas,
del horno de las entrañas de lo humano
para cocer allí su verbo primordial…
José Lesama Lima.
En plena alborada del ¿hombre? en el edén, el rumor de Eva al caminar despreocupada (en apariencias), hace migas la bucólica serenidad del génesis. Saberse origen la (nos) envanece (entiéndase por igual envilece). Se lo dijo la primera mirada de su madre-padre sobre su anatomía, mientras la aseaba recién parida (adulta). La irresistible propensión a manosear ciertos rincones y su faz desencajada; descorrieron el velo de su influjo, y ella supo; y sacaría ventajas de tal conocimiento, luego coquetería ensayada día a día, consecuencia de los espejos, cada ojo es un espejo… semblanza que mira la otredad bizqueando sobre los fenómenos; y resulta el reflejo que la calma superficie del lago le devuelve (tanto antes que a Narciso); donde muy de mañana sumerge con deleite los atributos que el supremo creador(a) le dispensó con (la) gracia. Sus feromonas, asaltan las moléculas circundantes, y entonces el agua hierve. Es perfecta máquina bio(i)lógica y sagaz reproductora de (la) especie(s). El canto mordaz que tremola con la tarde, el secreto confeso de tantas miradas, voces y sueños. Piel que reverbera en las medianas sombras del nacimiento diurno y en las tardecidas que anuncian la muerte de otro día ocioso y anodino, cansado y melancólico como tantos y tantos del paraíso (en esta etapa).
Adán ¿maravillado? se regocija, lo enmudece el orgullo relativo de su propia ignorancia, paralizado, su mirada se desgrana entre curvas, recodos, picos, gargantas y llanura con ombligo (¿tenía?) de cráter que incita a degustar delirante una hoja de parra fresca, de escurrirla absorto, enajenados los sentidos, obnubiladas las razones, cegados y atentos a la llama, al magma que se cuece justo en el centro de su hoguera que baila, danzária iracunda en sus pupilas desaforadas, vidriosas e insomnes…
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